lunes, julio 17, 2006

"CLASE DE LITERATURA" Capítulo 6

Contra la corriente –Novela...
Capítulo 6

CLASE DE LITERATURA


—"El escribir transforma al escritor en un pequeño dios. Puede construir mundos, y derribarlos. Puede hacer que la vida de un personaje transcurra llena de felicidad, o puede sumirlo en la angustia y la desesperación. Puede dar vida o puede quitarla..."
El " Tres R" ha estado disertando acerca de la vocación de escritor, a propósito del análisis de una obra Literaria. Mientras el profesor habla y se pasea, los alumnos escuchan con la cabeza baja, algunos jugueteando con el lápiz, otros francamente distraídos, mirando por la ventana. Cristian parece ser el único que toma notas, además de Nuri que escribe en un pedazo de papel, el cual pasa disimuladamente a su compañera de atrás, provocando sus risitas contenidas.

—“De algún modo –continua el "Tres R"– el escritor termina encariñándose u odiando a los personajes que crea. Se transforman en hijos, buenos o malos. Los puede relacionar entre sí, combinándolos como en un experimento de química, y siempre que se comunican o traslapan sus vidas, producen un efecto diverso, lógico o inesperado. Y muchas veces el carácter y personalidad de cada uno de ellos, son determinantes en cuanto al resultado de esa “reacción química” y al efecto que tendrán en la historia o mundo creado...”

Mientras se pasea al disertar, el profesor se detiene al lado de Mirtha, compañera de Nuri, que no alcanza a esconder el pedazo de papel. Se lo quita de la mano con hábil movimiento. Mientras lo sostiene en su mano a la altura de su rostro y, sin leerlo, da una mirada de condolencias a la joven mientras sonríe irónicamente. La avergonzada muchacha baja la vista, mientras el profesor guarda el pedazo de papel en el bolsillo de su camisa. Algunos compañeros que se dan cuenta de lo ocurrido, se burlan de la muchacha haciendo morisquetas. Sin dar más importancia al episodio, el " Tres R" continúa su disertación...

—Por ello cada uno de esos “hijos”, debe estar claramente definido en la mente de su creador, y éste debe ser capaz de pensar, sentir y reaccionar como cada uno de ellos. Para lograrlo debe “conocer” la historia de cada uno de sus personajes. No se puede hacer “existir” a un personaje que no tenga una historia de su propia identidad.
Por otro lado la poesía y la prosa, emanan generalmente de ti, eres tú mismo percibiendo tu entorno y las emociones que éste te produce para trasladarlas al papel. Tu sensibilidad particular y muy tuya, le confiere una huella digital, por decirlo así, que identifica tus escritos y tu manera de percibir y narrar tus emociones. La riqueza de nuestro idioma, hacen que el español sea muy pródigo en expresar sentimientos, ideas y emociones...

El maestro cierra el "cómic" que un alumno leía disimuladamente, dando un golpecito con el mismo, en la cabeza del avergonzado joven.

—Por eso, jóvenes –continúa el maestro–, debería ser una deuda con ustedes mismos, el enriquecer su vocabulario. Esfuércense en aprender nuevas palabras y su significado, úsenlas en su habla diaria y no copien el habla cada vez más contaminada y vulgarizada que, lamentablemente, hasta los adultos están usando hoy, como una moda.
—Señor, ¿le puedo preguntar algo? –interrumpe levantando la mano Benigno Morales, un joven delgado, con la corbata suelta y su camisa fuera del pantalón, a quien apodan "el Maligno", y que repite de curso por segunda vez.
—Por supuesto, señor Morales. ¿ Podrías ponerte de pié para que todos podamos escuchar tu pregunta?.
—No, profe, así no mas, sin drama..... ¿ Nos podría decir qué tiene usted en contra de que los jóvenes tengamos nuestra propia forma de hablar?, ¿ Le hacemos algún daño a alguien con eso?
La impertinente interrupción, en tono desafiante, del muchacho produce un murmullo por toda la sala y luego un espeso silencio...
—Además, –continúa el impertinente– siempre y en todas las épocas ha habido jóvenes y han tenido su propia forma de hablar ¿verdad?... y nunca ha habido drama, compadre... –el altanero muchacho da una mirada a sus compañeros mientras sonríe maliciosamente, como buscando la aprobación del curso.

El Profesor pausa por un largo momento, mientras se pasea con la vista en el piso. Con una mano en la barbilla y la otra a su espalda, sosteniendo un trozo de tiza, busca en su mente las palabras precisas que utilizar, frente a esta inesperada interrupción.

—Morales, Morales... –repite lentamente el profesor, en el tono de alguien que ha perdido la esperanza de un entendimiento conciliatorio–. Mira, hijo, no voy a negar lo obvio. Es cierto que siempre ha habido jóvenes. También es cierto que en todas las épocas los jóvenes han buscado identificarse con algún modo particular de expresarse. Sin embargo, y de alguna manera, siempre se había respetado el idioma en la sociedad tradicional, de cualquier lugar civilizado. El habla singular de los jóvenes no pasaba de ser una moda localista y de duración definida por la generación de esos jóvenes en particular. Y en casos excepcionales, algunas de esas nuevas palabras, de uso común, se fueron incorporando y enriqueciendo nuestros idiomas.
En cambio hoy, –continúa el profesor– vemos con mucho pesar, que la ofensiva contra nuestro o nuestros idiomas tradicionales, no solo está siendo liderada por jóvenes de pensamiento rebelde o progresista, como les gusta definirse a ellos; sino por personas adultas, incluso profesionales que a modo de profetas modernos, aparecen en los medios de comunicación, no solo aprobando esta “herejía gramática”, si no, y lo que es peor, incentivándola, con el exclusivo objetivo de granjearse las simpatías de los que aprueban esa actitud y que, lamentablemente a veces, me da la idea, son más de lo que nos gustaría que fueran.

El impertinente trata de argumentar algo, pero el maestro, ignorándolo, sigue con su discurso...

—Por otra parte, me gustaría preguntar a todos ustedes, qué opinan porque cada vez, y con más frecuencia, se esté usando habla soez en los periódicos, revistas, cine, televisión, incluso en la literatura contemporánea. ¿ Alguien desea opinar?...

Uno de los alumnos, el más joven de la clase, el que leía el "comic", y a quien sus compañeros bautizaron como “El guagua”, levanta su mano...

—Muy bien señor Robledo, dígame; aparte de admirar a "Superman", cuál es su opinión...
—¿ Qué es “ habla soez”, señor?. –( risotadas).
—¡Por ejemplo cuando alguien te dice...” Las de tu madre... “! –grita un chistoso desde el fondo de la sala, provocando las risotadas de los otros alumnos y el seguimiento de varios “ejemplos” grotescamente descriptivos.
—¡A ver jovencitos! –interviene el “tres R”, levantando la voz en tono molesto y autoritario para llamar a la tranquilidad–, nadie les ha dado permiso para que se comporten como en su casa. No se olviden que todo el curso ya tiene una anotación negativa la semana pasada. Si siguen así van a ser incluidos muy pronto en el Libro de Guines.
—¡Oye, “guagua”, pregunta ahora qué es el Libro de Guines, ganso! –grita otro chistoso –(nuevas risotadas).
—Bueno, caballeros. Basta de interrupciones...

La oportuna intervención del profesor, logra calmar a los festivos alumnos. Luego de esperar que se restaure totalmente la calma, el “tres R” se dirige al alumno que hizo la pregunta originalmente.

—Garabatos, palabrotas, obscenidades, vulgaridades, señor Robledo. Éso significa habla soez. Como puede ver, sus compañeros son expertos en la materia... Pero aún no han contestado a mi pregunta... ¿Qué opinan que cada vez con más frecuencia se esté empleando ese tipo de habla en la literatura contemporánea?.
Los alumnos se miran entre sí, sin que nadie se atreva a emitir una opinión.
—¿Y qué les pasó?, ¿Se les terminaron las ganas de exponer sus opiniones tan descriptivas que tenían hace un momento?.
Los alumnos se sonríen en voz baja, cuchicheando entre ellos.

—Bueno... por lo que veo, parece que por hoy se les fundieron las neuronas –comenta con ironía el profesor–. Tarea para la casa, entonces. Para el próximo lunes deberán traer sus opiniones por escrito. Pueden buscar opiniones al respecto, de algunos personajes contemporáneos o no. Las mejores citas serán nominadas al 6,5 y si son muy buenas, al 7. Hasta el lunes jóvenes, pueden retirarse. Señor Aliaga, ¿puede quedarse un momento?. Usted también, señorita Delgado... gracias.

Los alumnos salen en medio de una algarabía, controlada prontamente por el "3R". Mirtha, una muchacha un tanto gordita pero agraciada de rostro, la alumna que mencionó el profesor para que se quedara, juguetea nerviosa con su corbatín. Después de cerrar la puerta, el maestro le pide a la muchacha que se acerque a su escritorio, mientras Cristian continúa sentado en su asiento, desde donde no puede escuchar la conversación.

—Señorita Delgado. Le voy a entregar el papelito que le quité, y sin leerlo, por respeto a usted –dice el profesor mientras le entrega el trozo de papel–. Pero no puedo dejar de lamentar el hecho de que, de un tiempo a esta parte, usted se está distrayendo muy frecuentemente. Antes era mucho mas aplicada a sus estudios, una de mis mejores estudiantes. Sin embargo ahora la veo como soñando despierta... mirando a la luna por la ventana... ¿No será que después de salir de su enfermedad de la semana pasada, ahora se está contagiando de "Nuritis" Zamora?. Las veo muy compinches últimamente.
—Sí señor... quiero decir no señor, disculpe... –la muchacha baja la mirada, avergonzada.
—Trate de no sentarse al lado de Nuri. De lo contrario no podrá concentrarse ¿no cree?
—Si señor... gracias señor Rojas... ¿Puedo retirarme?...
—Por supuesto, pase usted... –contesta el maestro, con cierto tono irónico.
—Gracias, permiso...

La muchacha se retira rápidamente, no sin antes compartir una sonrisa de alivio con Cristian, quien se ha puesto de pie para acercarse al profesor.

—Asiento, señor Aliaga... Puedo tratarte de tú ¿verdad?...
—Si, señor Rojas, por supuesto –asiente el joven, un tanto nervioso.
—La verdad que la clase anterior, el lunes pasado, no tuvimos mucha oportunidad de conocernos bien... Perdón, antes de seguir... ¿tienes algo que hacer, para no quitarte tu tiempo?...
—No, señor... está bien.
—Yo no conozco a tu tío... ¿cómo se llama...?
—Alfredo.
—Alfredo, sí. Como te decía, yo no lo conozco, aparte de lo que me ha dicho de él, el colega Miranda. Pero tengo entendido que va a ser tu apoderado.
—Sí, señor. Lo que pasa es que yo no tengo padres. Los dos murieron cuando era niño.
—Oh, lo siento... No lo sabía. ¿Dónde estudiabas anteriormente, Cristian?...
—En Ovalle, por que en Chalinga no hay enseñanza media.
—¿Y qué tal es tu pueblito?...
—Bueno, como todos, supongo. No hay mucho que decir... es tranquilo, todos se conocen... yo estaba acostumbrado a vivir allí. La verdad que todavía echo mucho de menos...
—Claro, tiene que ser así. Recién vas a cumplir una semana aquí, ¿verdad?
—Sí.
—¿Se te hace muy difícil?... quiero decir, ¿el vivir aquí?... –el maestro le mira con atención mientras se sube a medio sentar en la esquina de su escritorio.
—Bueno, por ahora sí. Lo que pasa es que no conozco a nadie todavía, aparte de mis compañeros de curso... extraño a mis amigos de Chalinga.
—Me imagino. ¿Y dónde vives?... ¿cerca de aquí?
—En la población "Bonilla". Me demoro como 10 minutos en taxibús.
—Ah. No es tan lejos. Vives con tu tío, me imagino... –afirma a modo de pregunta el profesor.
—Sí. Él arrienda una pieza donde vivimos los dos...
—Debo decirte que es obvio para mí que has recibido una muy buena educación,... en lo personal, me refiero. Tus modales de destacan en medio de la "jauría" que tengo como profesor jefe. ¿Te criaste con tu tío...?
—En realidad no, señor. Yo me crié con mis abuelos, los padres de mi papá...
—Aah. De ahí debe venir entonces el buen entrenamiento... ¿ Y porqué te viniste a Antofagasta?
—Es que mis abuelos murieron, y mi tío no quiso enviarme donde mi abuela Sara y mis tías, en Hijuelas, porque quería que estudiara una profesión.
—Hizo muy bien. Aunque me imagino que no se le debe hacer muy fácil cuidar de ti y al mismo tiempo trabajar... ¿Y cómo es tu relación con él?... perdona la pregunta, no quisiera inmiscuirme...
—No, está bien señor... Bueno, nos llevamos muy bien –dice el muchacho, con una sonrisa de satisfacción- yo soy su único sobrino, así que soy su regalón, dice él...
—Me alegro mucho. Eso te va a facilitar mucho las cosas, especialmente tu progreso en los estudios, ¿no crees?
—Sí. Yo creo...
—Me he fijado que eres un poco tímido. Pero al mismo tiempo discierno que tienes una personalidad muy bien formada. Seguramente tus abuelos te dieron una buena formación moral y un conjunto de valores que se percibe con solo conversar contigo. Eso es muy raro encontrar hoy día, especialmente en la juventud.
El joven solo atina a bajar la vista un poco incómodo por los comentarios del profesor.

—Yo quería conocerte un poco mejor, Cristian –agrega el maestro–, y al mismo tiempo darte un consejo desinteresado, si tú me lo permites, claro...
—Sí, señor... dígame no mas...
—Mira Cristian –el profesor pausa por un momento, tratando de hallar las palabras apropiadas–. En este colegio, como en todos, te encontrarás con buenos, malos, y muy malos amigos. Me he dado cuenta que estás asociándote con el grupo de Ulises López y Nuri Zamora... ¿verdad?
—Sí, señor, es que ellos se me.....
—No, no... Cristian –interrumpe el profesor–. Está bien. No lo estoy objetando... al contrario. Ulises es un muy buen alumno. Es uno de los mejores calificados en el curso, junto con su hermana Irene. Es cierto que de vez en cuando se descarría en su conducta por influencia de la señorita Zamora. En el fondo Nuri es buena chica. Yo creo que le falta mas orientación solamente. Lo malo es que cuando he tratado de hablar con ella, me rehuye. Como te habrás dado cuenta, ella tiene una especie de guerra personal contra la disciplina, o algo así ... ja, ja, ja.
—Sí, señor... me he dado cuenta –contesta el joven, mas relajado al notar que el "3 R" lo toma con humor.
—En realidad, este curso no está tan mal. –continúa el maestro–. Al menos los puedo controlar... Después de todo no tenemos malos elementos. Lo malo es que hay algunos alumnos que son muy malos para el estudio... Se pasan la vida chacoteando, haciendo bromas... no sé. Incluso tengo dos o tres que vienen repitiendo curso como tres años. Mi consejo es que cuides tus asociaciones, Cristian. Tú sabes lo que se dice.." Dime con quién andas..."
—"... Y te diré quién eres" –termina la frase el joven, dando a entender que conoce el refrán.
—Así es. O más bien, "Dime qué calificaciones tienes, y te diré con quién te juntas", ja, ja, ja... ¿no te parece?.
—Tiene razón, señor... gracias.
—No tienes por qué darlas, Cristian. Tengo el presentimiento que darás más de una sorpresa a esos alumnos que vienen a calentar asiento al colegio. Ojalá no te contagies con las malas juntas, porque en otros cursos los colegas tienen cada ejemplar...
—No se preocupe, trataré de recordar sus consejos –dice el joven, mientras se incorpora para retirarse.
—Así lo espero, Cristian, por tu bien... Ah, lo olvidaba. Cualquier cosa que necesites de mi persona, no dudes en pedirlo. A mí me gusta ayudar a los jóvenes que se esmeran en aprender y surgir. Si hay algo que no entiendas en mi asignatura, no dudes en preguntar. Si te haz fijado, hay varios alumnos que después de clases se quedan a hacerme algunas consultas acerca de la clase. Eso es muy estimulador para un profesor, y a mí me agrada ayudarlos.
—Gracias de nuevo, señor... lo tendré en cuenta...
El joven se despide del profesor, quién se queda ordenando sus notas y su carpeta antes de retirarse de la sala.

Fuera de la sala, cerca de la puerta de salida, está Mirtha, esperando a ver qué desenlace tendría la conversación de Cristian con el "3 R".

—¿Qué te dijo, Cristian? -pregunta curiosa, la muchacha.
—Nada. Solo quería conversar conmigo sobre los estudios y esas cosas...
—¿Te retó?
—No –sonríe divertido por la pregunta el joven–. Me dijo que tuviera cuidado con qué niños me junto.
—Apuesto a que te dijo que no te juntaras con la Nuri...
—No, no dijo nada de eso. Solo comentó que yo escogiera con cuidado a mis amistades, para lograr buenas calificaciones.
—Entonces no te separes del Ulises, si quieres sacar buenas notas en matemáticas, ja, ja, ja –comenta riendo Mirtha–. Ahora si quieres sacar buena nota en conducta, siéntate con el Avila. Ese compadre aparte de ser mateo, es más tranquilo que fotografía. Una no se da ni cuenta si está en clases o no. Lo malo que nadie quiere juntarse con él...
—Sí, lo he notado. ¿Y porqué? –pregunta intrigado el joven, mientras ambos se encaminan hacia la salida del colegio.
—Es que pertenece a una de esas religiones extrañas que prohiben todo, y nunca va a las fiestas que organizan los niños del curso. Además si tu le metes chachara, te habla y te habla de Dios y que la Biblia y que este otro, y aquello, y no para de machacarte la sesera, ¿'cachai'?
—¿Ah, sí?, ¿Y a ti te cae mal?
—No, pa' na'. El "Padre Pollo" es buen gallo, solo que tiene eso... tu entiendes –la muchacha hace un gesto de rezar con las manos mientras mira al cielo en actitud de mártir.
—¿Padre Pollo?
—Ja, ja, ja. Así le puso el "Maligno", porque antes le decían el "pollito", por lo flaquito. A mí me aconsejó re harto' cuando rompí con el Lucho, mi ex- pololo. Estaba mas deprimida... y el Padre Pollo me ayudó harto. Chis', fíjate que ni mi mamá me 'pescó' cuando andaba 'maleta'. La pura Nuri y el Pollo me ayudaron. Claro que la Nuri me aconsejó puras 'cabezas de pescado'...
—¿Ah sí?
—Ja, ja, ja, claro pu'. Fíjate que me dijo que siguiera al Lucho, y que cuando se juntara con la 'mechuda' que tiene ahora, le dijera que cuándo me iba a dar la leche para la guagua, y que cuando se botara a choro', le reventara un huevo crudo en la cabeza... ¿te imaginai' qué loca?...
—¿ Y tú lo hiciste?
—¿Estay más...? –hace un gesto grosero con las manos–. Si estaba deprimida no mas pu'... No chiflá' del mate... –los dos jóvenes ríen de buena gana.
Los dos jóvenes se dirigen a la salida del colegio y en dirección al paradero de la locomoción colectiva...
—Oye, –continúa la joven– menos mal que el "3R", no leyó el papel que me quitó de las manos... se pasó pa' ser gente mi mijito rico...
El joven no logra disimular su sorpresa, ante la forma en que la muchacha se refiere al profesor, por lo que Mirtha trata de corregir su comentario, un tanto avergonzada..
—Chuta, parece que metí la pata'. Lo que pasa es que a mí me cae re' bien el "3R", porque no es como los otros profes, ¿'cachai'? El siempre ha sido 'buena onda' conmigo. Me ayuda cuando no entiendo la materia... Me ayudó dándome otra oportunidad para hacer las pruebas que me perdí por estar enferma...

Mientras habla, la muchacha arruga el papel que le regresara el profesor, arrojándolo hacia dentro del antejardín del colegio. En ese momento Mirtha se da cuenta que se acerca el taxibús que pasa por su casa...

—Ah, chitas, ahí viene el taxibus... Chao, Cristian, nos vemos mañana...

La muchacha corriendo, logra subirse a tiempo al taxibús y desde la ventana hace señas despidiéndose del joven, quien le responde con otro gesto, mientras ve alejarse la máquina. La curiosidad, le impulsa a regresar a la puerta del colegio, para coger el papel que Nuri pasara a Mirtha durante la clase, y que ésta arrugara y arrojara al antejardín. Mirando hacia todos lados como si estuviera cometiendo un terrible delito, lee el trozo de papel... " Fíjate que está rico el huaso, Mirtha..."

FIN DEL CAPÍTULO 6.

GLOSARIO
Cháchara : Habla vacía, recibida a disgusto.
¿'cachai'? : ¿Captas? ¿Entiendes?
pa' na' : Para nada.
ni mi mamá me 'pescó' : Ni mi mamá me ayudó, no me hizo caso, me ignoró.
cuando andaba 'maleta'. : Cuando andaba mal de ánimo, deprimida.
'cabezas de pescado' : Sugerencias descabelladas, habla sin sentido, anormal.
chiflá' del mate... : Desequilibrada de la cabeza, trastornada, loca.
parece que metí la pata'.: Cometí una infidencia. Dije algo confidencial.
'buena onda' : Buena persona.

viernes, junio 09, 2006

"NELIDA" —Capítulo 5


Contra la corriente –Novela...

Capítulo 5
"NÉLIDA"

Los dos días siguientes, transcurren monótonos. Del Liceo a la pieza, de la pieza a la casa de doña María, de la casa de doña María a su pieza, de ahí al Liceo, del Liceo a su pieza y de su pieza a la casa de doña María nuevamente, esquivando a la “Negra”, que ya se ha ido acostumbrando a Cristian. Ya no le ladra, pero le ha dado por olfatearlo por todos lados como si estuviera buscando algo. Luego le tira el pantalón jugueteando. El problema es que le ha roto el botapié de su mejor pantalón. El otro problema es que doña María es una parlanchina empedernida y ya lo tiene “mareado”, hablándole de su “Nila”, a la cual aun no conoce y de sus proyectos de poner un Restorán. Y lo peor es que ha tenido que comer dos veces pescado, (con lo que le gusta). Además los dueños de la casa no han llegado aún, a pesar que se suponía llegarían el Martes. No es que le importe, pero está intrigado de cómo le recibirán. Además le gustaría saber si tienen hijos de su edad para tener con quién conversar después de clases. Hasta ahora no ha conocido a nadie del barrio.

El jueves al llegar a la casa de doña María a almorzar, le abre la puerta una joven de unos 25 años, de mediana estatura, morena de ojos grandes almendrados, que le recordaron a Bety, “su Bety”. Cabello largo liso castaño, sedoso, de muy agraciada figura. Viste una pequeña falda roja y blusa blanca, amarrada en lugar de abotonar. Con andar felino y mirada sonriente se dirige al muchacho...
—Tú debes ser Cristian... el sobrino de Alfredo, ¿Verdad?... Mamá me ha hablado de ti. Pasa, supongo que la “Negra” ya te ubica.
—Claro, gracias –no puede evitar sentir cierta incomodidad ante la mirada insistente de la muchacha, quien no le quita la vista mientras pasan al interior de la casa.
—Hola, Cristian, veo que ya conociste a “Nila” –dice doña María, con su mejor sonrisa.
—Bueno, en realidad no nos hemos presentado formalmente. Me da gusto conocerte, Cristian –Nélida le extiende su mano.
—Igualmente, señorita –balbucea Cristian un tanto perturbado. El no está acostumbrado a muchachas tan lindas y especialmente con minifaldas tan cortas.
—¿Y Alfredo?. Ah, que tonta, verdad que está en Zaldivar –se contesta ella misma–. ¿Te gusta Antofagasta? –pregunta, por decir algo...
—Sin ofender, en realidad no me gusta mucho. Los cerros pelados... la vida muy agitada. No me puedo acostumbrar –balbucea Cristian sin levantar la vista.
—Bueno ya te acostumbrarás.
La muchacha se sienta despreocupada, dejando ver sus muslos redondeados lo que incomoda a Cristian.
—Eso pasa con todos los que vienen de más al sur –agrega–. Se deprimen cuando no ven nada verde.
—¡Aquí lo único que verás verde, son los carabineros. ¿Sabes?! Ja, ja, ja –interrumpe doña María, queriéndose hacer la graciosa–. Solo mar y cerros pelados. Pero supongo que ya haz conocido a algunas muchachas ¿verdad? –pregunta con tono de picardía.
—Bueno, sí. En el liceo conocí a unas compañeras...
—¿Y nada más?... ¿No estás pololeando? –pregunta con mal disimulado interés la muchacha.
Cristian se perturba con la pregunta. Siente que un rubor incontrolable le calienta las orejas. La muchacha no ha dejado de mirarle con esa sonrisa inquisitiva.
—Vamos “Nila”. no hagas ponerse colorado al niño... –interrumpe doña María mientras pone los cubiertos frente al muchacho.
—No, no me gusta pololear. –Cristian baja la cabeza tratando de esconder el rubor que se ha apoderado definitivamente de su cara.
—¡Nooo!... ¡Un joven de otro mundo! ¿Oíste mamá?. Ja, ja, ja –las dos mujeres ríen de buena gana–. Por favor no vayas a creer que nos reímos de ti, Cristiancito. Lo que pasa que es muy raro ver un joven como tú, nada de mal parecido, decir que no le gusta pololear.
—Claro, ¿sabes? –interviene doña María con un tono maternal y conciliador–. Si aquí los jóvenes como tú, y más jóvenes aun, a los once años, viven tratando de encaramarse sobre las muchachas, ja, ja ¿ Sabes?. Por ejemplo, y para que tú veas, sin ir mas lejos, la chica de la vecina de mas arriba...
—¿Quién mamá? –interrumpe Nélida–. ¿La “Vero”?
—No, niña. Esa es otra de las mismas. Me refiero a la otra vecina de la vuelta, la rubiecita esa... no me acuerdo como se llama...
—Quién, ¿la “Pita “?
—Esa misma, yo la conozco por Lupe.
—Es la misma, mamá, se llama Lupe pero le dicen “Pita”...
—Ah, bueno, así será... Bueno como te decía, la Lupe esa no tiene mas de 14 años y ya tiene guagua. Y el pololo no debe tener mas de 13 años, ¿sabes?. ¡Qué va a hacer el pobre “perico“ ese!, si no sabe ni limpiarse el traste, ¿sabes?. Menos va a poder alimentar a la muchacha y al crío, ¿no te parece?.
Doña María ha puesto el almuerzo ante Cristian el cual da un suspiro de alivio cuando se percata que no es pescado.
—Te serví, lentejas “Cris” –dice doña María con su cara llena de risa–, pues ya me di cuenta que no te gusta el pescado. Lo noté cuando arrugas la nariz cada vez que lo sirvo.
—¿Que es regodeón también? –interviene Nélida con una mirada pícara de complicidad con su madre–. Yo creí que solo era vergonzoso. –Las orejas de Cristian parece que van a derretirse.
—Nélida, deja en paz al Chico... ¿No ves que lo tienes todo perturbado? Después se me va a aburrir y no va a querer venir a tomar once, ¿sabes?.
—Ay mamá, si no lo estoy molestando... solo le decía nomás... ¿Te molesto Cristian?
—Ejem, –carraspea nervioso–. No, no me molesta. Solo que como no la conozco bien todavía, estoy un poco nervioso.
Cristian trata de comer rápido para salir de la situación incómoda, solo para quemarse la boca con la comida caliente.
—Aay, perdona, “Cris”, olvidé decirte que estaba caliente, ¿sabes?. ¿Quieres que le agregue un poco de agua fría?.
—No, no. Así está bien, señora María. No se preocupe por favor.
—Creo que mejor me voy a mi pieza para dejar almorzar tranquilo a Cristian. Después nos vemos ¿ya?. –Nélida toca la nariz del joven y se retira sonriente a su cuarto.
—Es lo mejor que puedes hacer, “Nila“, mira que me lo tienes todo nervioso al niño, ¿sabes?. No le hagas caso “Cris”. La “Nila“ es así, pero es muy buena hija. Nunca me ha dado problemas. Aunque las envidiosas del barrio hablan puras leseras y calumnias de ella.
Cristian termina a duras penas su almuerzo. Parece que cada lenteja se le atascara en su garganta seca. Doña María lo ha dejado almorzando solo y se ha retirado al cuarto de Nélida. No puede borrar de su mente los ojos de Nélida. Almendrados y profundos. Le traen otros ojos almendrados a su mente. Los de “Bety”. ¿Qué estará haciendo en ese momento?. ¿Se recordará de él, como él de ella?. Estaba tan cerca de saber si en realidad le gustaba. Atilio se lo había confidenciado...
Las imágenes vuelven tiernas, dulces, agradables...

—“ Tu le gustas, Cristian. Lo sé.” –Puede ver el rostro de Atilio, transpirado después del partido de fútbol, enfático como si se tratara de una información de vital importancia.
—“ ¿ Cómo lo sabes?, ¿Te lo dijo ella? ”
—“ No seas tonto. Eso no lo dicen las niñas así no más. Lo sé por que me doy cuenta como te mira.”
—“ Pero ella mira a todos igual...” –la aseveración tiene olor a pregunta y es expectante.
—“ No igual. A ti se te queda mirando embobada, cuando tú no la ves. Pero yo me doy cuenta. Te digo... tú le gustas.”
— “Bueno y si así fuera, ¿qué voy a hacer?”
— “Bueno, supongo que se lo dirás, ¿no?...”
—“¿Estás loco?, ¿Qué le diré? ”
—“Que a ti también te gusta, supongo... ¿No? ”
—“ ¿Y cómo sabes si a mí me gusta? ”
—“ Vamos, Cristian... no me vas a decir que no te gusta. Si se te ponen los ojos como huevo frito cuando la miras. A mí no me engañas...”

—¿Terminaste de almorzar?
La voz de Nélida hace trizas las imágenes queridas. Es como si le despertaran bruscamente de un hermoso sueño.
—Ah, si. Ya he terminado gracias. Debo irme, tengo tareas que hacer.
—¿Ya se va “Cris”?, ¿Tan luego? Quédese a conversar un ratito, mientras se come la frutita –la señora María con su tonito maternal de siempre, retira los cubiertos.
—Gracias, señora María. Mañana tal vez. Lo que pasa es que ahora debo terminar un informe escolar que hay que entregar mañana. Estaban sabrosas las lentejas. Gracias. –Nélida le observa sonriente, como adivinando el porqué de la inesperada prisa de Cristian. Sabe que el muchacho está avergonzado y desea poner tierra, mucha tierra de por medio.
—No tienes qué agradecer, hijo. ¿Nos vemos a las onces? –pregunta doña María.
—No sé. Tal vez... yo le aviso... Hasta pronto señorita Nélida, gusto en conocerla..
—“Nila”.
—¿Cómo?
—Que me llames “Nila”...
—Oh, sí... perdón señorita “Nila”. Gusto en conocerla.
—El gusto ha sido mío, Cristian. Te dejo en la puerta no te vaya a molestar la “Negra”.
—Gracias.
Al salir al antejardín, la muchacha le detiene suavemente por el brazo.
—Cristian, ¿te puedo hacer una pregunta? -le habla casi al oído, en voz baja, como si no quisiera que doña María escuchase.
—¿Sí, señorita Nélida... digo, señorita “Nila”?
—¿Qué te contó de mí, tu tío Alfredo?
—Oh, bueno... me... me dijo que usted era su polola, y.. bueno, que era bonita...
—¿Ah, sí?, ¿Así te dijo? ¿Y qué más?...
—Bueno, nada más.
—¿No te dijo que quizás nos casemos a fin de año?...
—No... No me dijo nada de eso. –Cristian contesta sorprendido.
—En realidad él no quiere casarse todavía, pero soy yo la que lo presiona. Yo creo que cuando dos personas se entienden y se quieren, no tienen para qué esperar tanto ¿no crees?.
—Bueno sí... quiero decir no sé. Mi tío es el que tiene que decidir esas cosas.
—Y a ti, ¿te gustaría que nos casáramos? –pregunta con voz muy suave, mientras mira fijamente a los ojos del joven para ver su reacción.
—La verdad señorita "Nila", que no sé... yo... yo no... mi tío no conversa esas cosas conmigo.
—Pero yo te estoy preguntando a tí. Qué te parece a ti que nos casáramos con Alfredo... ¿te gustaría?
—Chitas, no sé que decirle. Es que como recién la vengo conociendo... me pilló de sorpresa su pregunta... ¿Le podría contestar otro día?
—Está bien, Cristiancito. No es que yo quiera ponerte en un aprieto. Es que para mí es super importante tu opinión. Después de todo si nos casamos con Alfredo tendremos que vivir contigo, y no sé si eso te incomodaría, ¿entiendes?.
—Sí, entiendo, señorita "Nila". Pero no se preocupe, lo que mi tío decida, está bien para mí.
—Ay, qué 'chévere'. A mí me has caído super bien, así es que me fascinaría vivir contigo... y con Alfredo, por supuesto.
Llega apresuradamente a su cuarto. Deja su mochila con cuadernos, se saca a tirones su corbata y se dirige urgentemente al baño. Su vejiga parece que va a estallar. Por fin puede descargar su desesperada urgencia. Aún no se siente en confianza como para pedir el baño en casa de doña María. Vergüenzas de pueblerino. Luego coge el espejo. Quiere comprobar si sus orejas lucen tan rojas como se imagina. ¡Horror!. Parecen semáforos encendidos en roja que anuncian a todos los vientos ¡¡¡¡Cristian está muuyy avergonzado!!!!... Qué plancha. Seguro que la señorita Nélida se habrá dado cuenta. Le da rabia consigo mismo. Los seres humanos debiéramos tener un interruptor, de modo que cada vez que nos ruborizáramos, nos permitiera pulsarlo y nuestras mejillas y orejas volvieran automáticamente a su normalidad.
Siente ruidos en la casa. Más bien parecen voces. Se acerca a la ventana trasera para escuchar mejor. Sí. Ahora está seguro. Son voces y ruidos de Platos. Da la vuelta al pasillo lo más rápido que le permiten sus piernas y el cierre del marrueco, que no quiere cerrar por mas que lo tira. Sale a la calle y se dirige a la puerta principal para escuchar. Al fin logra cerrar el cierre del pantalón, justo cuando se abre la puerta.
Un muchacho de unos 16 años le observa intrigado...
—¿Si, dime? ¿Buscas a alguien? –pregunta el muchacho, moreno de baja estatura, despeinado, delgado, con jeans y zapatillas. Sus ojos achinados y nariz aguileña, le dan una apariencia de persona del altiplano.
—Eh... no, yo... es decir... –Cristian no encuentra cómo explicar. La puerta abierta repentinamente y la pregunta del jovenzuelo, le tomaron desprevenido.
—¿Qué deseas? –insiste el muchacho limpiándose la boca con la manga de la camisa desabotonada.
—Soy... es decir, me llamo Cristian, y vivo aquí, en el patio de esta casa... ¿Y tú quién eres?, ¿Porqué estás aquí, en la casa?
—¿Cómo? Yo vivo aquí, compadre. No entiendo... ¿Dices que vives aquí también?... Aah, ya entiendo. Tú debes ser el sobrino de don Alfredo. Él nos dijo que traería un sobrino de Ovalle... ¿Eres tú verdad?
—Oh, sí. Perdona... yo no sabía...
—Ah, no te preocupes, compadre... Pensaste que se habían metido a la casa ¿verdad?
—Bueno, sí, algo así... Gusto de conocerte, me llamo Cristian –le extiende la mano.
—Ya lo dijiste... Bueno, también gusto en conocerte. Me llamo Héctor, pero me dicen “ Tito” –le pasa la mano al estilo nuevo que aprendió en el liceo.
—¿Llegaste solo? –pregunta Cristian, por decir algo.
—Claro que no. ¡Qué onda!... llegué con los viejos. En realidad debíamos haber llegado el Lunes o Martes, pero se nos paneó el cacharro. Yo tenía que entrar al colegio y ya estoy más atrasado...
—¿A qué colegio vas?
—Al Liceo de hombres. ¿Y tú?
—Al Liceo Industrial.
—Ah, que buena onda –contesta el "Tito", levantando sus cejas–. Mi taita quiere que vaya ese Liceo. Pero no alcanzamos matrícula. Así es que a lo mejor el otro año entro ahí. Y tú, ¿cómo lo hiciste para encontrar cupo?.
—Bueno en realidad, mi tío Alfredo consiguió matrícula. Parece que tiene un conocido que es profesor de ese Liceo.
—Ah, que buena onda, voy a hablar con él. A lo mejor me “pitutea” a mí también.
—¿Te pitutea?
—Claro. ¿No sabes lo que es “pitutear”?. ¡Qué ganso...! Pitutear: recomendar con un conocido, meter a lo compadre, etc. Oye compadre, se nota que no eres de aquí. Ja, ja, ja.
—Bueno, Tito, era eso nada más, perdona si te preocupé.
—No pasa ná’, compadre, no hay drama. Oye, ¿Por qué no pasai’ un rato para que conozcas a los viejos? Son buena onda... pasa.
—No, gracias, a lo mejor otro día. Ahora tengo que estudiar.
—No me digas que eres de la especie “Loco-Mateo”, compadre. Mira que a mi no me entra ná’ –hace ademán de golpear la cabeza–. A lo mejor me ayudas con las tareas y yo a cambio te presento a las “minas“ del barrio. ¿ah?, ¿qué tal?. ¿Te interesa, compadre? ja, ja, ja.
—¿Quién es Tito? –pregunta una voz de mujer madura, desde dentro de la casa.
—Es el sobrino de don Alfredo mamá. Sintió ruidos y vino a ver si estaban robando...
—Oye, Tito, no le pongai' tanto... –se apresura a corregir Cristian.
—Tranquilo, compadre, si mi vieja es buena onda. No pasa ná’ –le guiña un ojo. El muchacho le recuerda algo a Ulises, su compañero de curso. Tal vez por su modo de ser. Porque de rucio... éste no tiene nada.
La mujer, delgada, de unos 40 años, viste jeans, polera con una calavera estampada en el pecho y el pelo negro amarrado con una cola, bien parecida, se asoma a la puerta secándose las manos con un mantel.
—Hola. Tú debes ser el sobrino de Alfredo –le extiende su mano húmeda.
—Sí, señora. Gusto en conocerla.
—Llámame Verónica. ¿Estás yendo al colegio?
—Si, al Liceo Industrial.
—Oh, qué afortunado. Nosotros no pudimos encontrar matrícula para el Tito. Cuesta tanto entrar a ese liceo. Todos los estudiantes quieren entrar allí.
—No le pongai’, mamá –interrumpe el jovenzuelo–. Muchos van al Liceo Comercial también.
—Ah, bueno. Pero una gran mayoría intenta en el Industrial, no me lo vas a negar.
—Ah, por que a los taitas les gusta que sus hijos entren allí. Todo por que ahí son más estrictos que en otros colegios. El señor Artíguez, el Director, tiene fama con los viejos. Lo conocen en toda la ciudad, por lo fregao’.
—Bueno, como sea. El hecho es que es un liceo muy solicitado. ¿Por qué no pasas un rato... ? –dirigiéndose a Cristian–. ¿Cómo dijiste que te llamabas?
—Cristian, señora. Le agradezco, pero en realidad ahora no puedo. En todo caso le prometo que otro día vendré con mas tiempo para conocernos mejor.
—Como quieras. Ven cuando gustes. A Tito le gustará conocer a otro amigo. Y quizás hasta me lo endereces un poco. Se nota que eres un buen chico.
—Que mala onda, compadre –interviene el muchacho–. Pero no te pierdas. Quiero enseñarte mi colección de “bichos raros”.
—Está bien, para otro día será. Bueno señora, me dio gusto conocerlos. Hasta luego.
—Adiós, Cristian. No te pierdas.
—Chao, compadre. Por cualquier cosa, golpéame la ventana del rincón. Esa es mi pieza.
—Bien, así lo haré. Ah, Tito. Te pasaré una carta por tu ventana. La dejó mi tío para tu Papá.
—Ok, compadre. Tíramela por la ventana.
Madre e hijo se quedan mirando mientras Cristian ingresa por la puerta que da al pasillo y de ahí al patio trasero.
—¿De qué te ríes, Negro?...
—De nada mamá. Es que nunca me había topado con un loco "cuico"...y "guaso", más encima, ja, ja, ja.
—Tú a todos encuentras "cuico", Negro –dice doña Verónica, dando un pequeño tirón en el mechón de su hijo–. Lo que pasa es que no estás acostumbrado a ver a un joven educadito y gentil. Al menos podías interesarte en ser como él.
—Chis' buena, mamá, oh. ¿Te imaginai'?... Yo...flaco, feo, negro... ¿ y cuico? ... Chis' la ondita. Ja, ja, ja, ja.
—Ja, ja, ja... No, no me lo podría imaginar, ja, ja, ja...


FIN DEL CAPÍTULO 5

GLOSARIOLa “Negra” : La perra de casa.
Carabineros: Policías de uniforme verde.
Pololeando: Tener sitas, tener una enamorada sin compromisos, salir con alguien.
“perico“ : Jovenzuelo inexperto.
Regodeón: Mañoso, no gusta de muchas comidas, se regodea en comer solo lo que gusta.
Leseras: Tonteras, sandeces, habla vana.
Qué plancha: Qué vergüenza.
Se nos paneó el cacharro: Se nos descompuso el automóvil.
Mi taita : Mi padre.
No hay drama : No hay problemas.
Loco-Mateo : Joven aplicado, Estudioso, que saca buenas calificaciones.
“Minas” del barrio : Muchachas del barrio.
Fregao’. : Fregado, estricto, enérgico en aplicar la disciplina.
loco "cuico": Joven de alta sociedad, elegante, educadito, de modales finos. Polola (o) : Enamorada(o) con quien se hacen citas sin estar comprometidos. "compadre" : Amigo, socio.Guaso: Gente de campo, tímido, sencillo.

sábado, mayo 27, 2006

"PRIMER DÍA DE CLASES" Capítulo 4

Contra la corriente –Novela...

Capítulo 4
"PRIMER DIA DE CLASES"
La luz de la mañana le hace abrir los ojos. El despertador suena estridente en ese preciso instante. Los pensamientos le dan vuelta en la cabeza. Le cuesta ordenarlos... Ah, sí. Está en la pieza de Alfredo, es Lunes y tiene que ir a la escuela.
—" ¡La escuela! –baja de la cama sobresaltado–. Olvidé preguntar a Alfredo qué taxibús debo tomar. ¿Y ahora?... ".
Atolondrado recorre con la mirada la habitación. Sobre el pequeño baúl-mesa hay una nota. Seguro que es de Alfredo. Se apresura a leerla...
" Flaquito, no te quise despertar, pero puse el reloj despertador a las 7 A.M. Espero te haya recordado a tiempo. En el baúl está la mermelada y el pan. Los dueños de casa llegan mañana de sus vacaciones. En el velador dejé una carta. Entrégasela al Señor Ibarra (el dueño de casa) o a su esposa. Ahí les explico todo, aunque ya les había comunicado tu venida. Yo regreso el próximo Domingo, en la noche. Si ves a la Nélida, dile que... (Rayado encima). No le digas nada mejor. Yo hablo con ella cuando regrese. Que te vaya bien en tu primer día de clases. Ah, la liebre(Rayado) el taxibús que debes tomar es el Nr. 2 ó el 3. Los dos te sirven. De vuelta súbete al 3 y dile al chofer que te deje en el Supermercado de la esquina. Pórtate bien, Flaco, no incendies la casa, no seduzcas a tus compañeras de curso ni vayas a matar a la 'Negra'. Chao ".
—" Payaso ".

El taxibús pasa lleno de estudiantes y no se detiene. Después de un rato pasa el siguiente... tampoco se detiene. Los estudiantes que se encuentran en la parada gritan palabras de todo calibre al chofer que impávido continua su marcha sin voltear. Un policía uniformado llega a la parada y hace detenerse al siguiente taxibús, logrando subir a los estudiantes ante la mirada melancólica y resignada del chofer. Luego de un "asardinado" viaje llegan al Liceo.
Una turba de "pingüinos-estudiantes" bajan en tropel disminuyendo gran parte del pasaje.
Los alumnos formados en el patio en bulliciosas columnas, conversan animadamente. Cristian busca el 2do. "B".
—Perdona... –Pregunta a un muchacho rubicundo y pecoso–. ¿Este es el 2do B?.
—No, "Ganso", es el de más allá –responde señalando con el dedo.
—Gracias.
—Está bien, compadre.
—Disculpa, ¿Este es el 2do. B? –Pregunta a una muchacha delgada y morena, de nariz aguileña y pelo corto.
—Sí, lindo. Este es –Responde pellizcando su mejilla, mientras sus compañeros de fila celebran bulliciosamente su respuesta.
—Gracias.
—De qué, amor.
" ¡Atención, atención! –resuena la voz potente del señor Artiguez, el Director–. Ya, ya, vamos guardando silencio señores, que esta es una escuela, no la vega central".
Poco a poco se detienen los murmullos risueños de los estudiantes más inquietos.
—" Buenos días jóvenes " –saluda el señor Artíguez, con sus manos tomadas a su espalda y sus piernas regordetas ligeramente separadas, cual militar pasando lista, mientras los demás profesores se ubican cerca de sus cursos respectivos.
—"¡¡ Bueenos díaas señor Artiguez !! " –Responden los estudiantes, con cierta disimulada tonalidad festiva.
—"Estamos comenzado una semana más de clases, y esperamos que recuerden las recomendaciones que siempre les hacemos. Compórtense como caballeros y señoritas educados. Demuestren así que pertenecen a uno de los Liceos más destacados del norte, el Liceo Industrial. Los inspectores han sido instruidos para traer a la Dirección a cualquier alumno que sea sorprendido fumando en el recinto del Liceo, así como a aquellos que insistan en traer material pornográfico. Tendrán que venir con su apoderado. Los alumnos que sean sorprendidos con drogas, ya sea consumiéndola o portándola, serán expulsados del establecimiento sin apelación.
Después del himno patrio se retirarán ordenadamente, dije ORDENADAMENTE a sus respectivas salas de clase. Que tengan una semana productiva."
Después del acto de rigor, los alumnos se retiran a sus salas de clases. La columna del 2do. "B", Minas, lo hace a una indicación del profesor Raúl Rojas, profesor de Castellano y Literatura, de mediana estatura, moreno, extremadamente delgado, nariz aguileña y de ojos somnolientos. Su voz grave acciona su "manzana de Adán", la cual sube y baja cual diminuto ascensor por su garganta.
—" Segundo B... A la sala de clases..."
Una vez en la sala de clases, los alumnos se ubican en sus respectivos lugares. Cristian se queda de pié a la entrada de la sala, esperando la indicación del profesor para tomar su ubicación. Sus manos inquietas dejan entrever su nerviosismo. El señor Rojas acomoda su asiento separándolo ligeramente del escritorio mientras descansa su espalda en el respaldo de su silla. Juguetea con un lápiz mientras observa a Cristian, esperando que los demás estudiantes se sienten. Luego se dirige al nuevo alumno...
—¿Tú eres el alumno nuevo?... Buenos días joven...
—Ssí, señor, es mi primer día... eh, buenos días.
—Bueno, vamos a conocernos mientras pasamos lista... ¿cómo te llamas?
—De " Chalinga ", al interior de Ovalle, señor –(risotadas).
—Perdón hijo, te pregunté cómo te llamas, no de dónde eres... ¡Ustedes guarden silencio!...
—Disculpe señor, no le escuché bien, me llamo Cristian, Cristian Aliaga Muñóz
—Eso está mejor... Ya nos dijiste de dónde vienes. ¿Y quién es tu apoderado?
—Mi tío Alfredo. Vivo con él.
—Bien Cristian, puedes tomar asiento. Ya nos conoceremos mejor.
—Disculpe,... ¿Dónde me siento, señor?...
—Puedes sentarte ahí, junto a la señorita Zamora –le señala un lugar junto a la ventana, precisamente al lado de la muchacha del pellizco, en el patio.
—"Hola lindo". –le susurra con picardía la muchacha.
—"Hola" –se sienta con la mirada baja, mirando de reojo a la clase.
—"Otro ganso" –murmura alguien– (risitas).
—Bueno, continuamos jóvenes –dice el maestro, con tono serio para acallar las risitas.
El maestro abre el libro de asistencia y comienza a salmodiar mecánicamente los apellidos de los alumnos, con tono constante como si se tratase de una voz de computadora o algo así.
—" Aliaga "... ah, ya estás... "Ardiles" -Presente-, "Avila" –Presente–, " Barrios " –Presente- ...
La lista termina con Zamora, Nuri. La chica del pellizco.
—" Presente, lindo ".
—Suficiente con que diga "presente" señorita Zamora.
—Sí, lindo, perdón. Digo... profesor –(risas).
—Ahh. Llegó de cómica esta semana. Vamos a ver cómo está su disertación de la lectura que les asigné.
—¡Churra!... (Blanca palidez)
—¿Cómo dijo?
—Nada... nada, señor, disculpe –se saca apresuradamente el chicle que ha estado masticando, se pone de pié y se jala nerviosamente su corta falda.
—" Te churreteaste, Nuri", –le murmuran desde el banco de atrás –(risitas).
—A ver, guardemos silencio, jovencitos... Señorita Zamora... –el maestro se acerca lentamente con sus manos tomadas por detrás, cual gendarme que acaba de atrapar a un fugitivo–. Ustedes debían leer el libro "Palomita Blanca"... ¿De qué autor,... señorita Zamora?
—Lafurcade, señor –contesta nerviosa.
—Bien, pasó la primera, ya no se la comen los leones... ¿Podría hacernos un resumen somero del argumento... señorita Zamora?
—Sí señor. Se trata de... de dos jóvenes que... de diferente situación social ¿ve?, –contesta la muchacha atropelladamente y ya con más confianza–. Uno tiene harta' plata, y la otra es re' pobrete, que se conocen en un concierto rock,... luego se bañan piluchos en la playa, después... y que luego se ponen a pololear y resulta que después, los amigos de él no la aceptan a ella, por que resulta que ella es de "pobla" ¿ve?, y él es "cuico, mijito rico de su mamá" y resulta que al final...
—¡Ay, Dios! –interrumpe el profesor, llevándose una mano a la cabeza–. Gracias, señorita Zamora, –(risas)– puede sentarse... ¿Críticas a la novela, jóvenes?... ¿Y bien?...
—Señor... –Se pone de pié un muchacho larguirucho, de lentes ópticos gruesos, ojos claros, colorín, con su corbata algo desajustada, sentado detrás de Cristian.
—¡Señor López!... Qué grata novedad... –dice el profesor, con fingida y teatral sorpresa–, creí que solo en la clase de matemáticas comentaba... adelante... por favor.
El maestro se dirige a su escritorio y toma asiento mientras se dispone a escuchar.
—(Carraspea) –Bueno... la novela me gustó, porque enseña... quiero decir... (carraspea)... muestra la realidad de los jóvenes en una época especial...
—¿No será " época específica ", señor López?
—Sí, eso quise decir... Bueno, muestra la realidad de una época específica y... y... la manera como pensaba la juventud en ese tiempo.
—"En el tiempo de los 'Marihuanero-saurios'", "o de los 'Hippie-sterodópodos' –interrumpen algunos graciosos, produciendo la risa de sus compañeros.
—Muy graciosos... ¿Y cómo piensa la Juventud ahora? –el profesor se levanta de su escritorio y comienza a caminar por la clase–. Todos pueden comentar... a ver. Esto se está poniendo interesante. Siéntese señor López, gracias... ¿Y bien?
Levanta su mano una muchacha de pelo castaño, largo, de bonita figura e igual semblante. El profesor hace un gesto para que se ponga de pié, cosa que ella hace con cierta coquetería.
—Bueno, la juventud, creo yo, ¿no?... hoy día está más liberada de las reglas que antes ponían los mayores. –Da una mirada de reojo a Cristian para constatar si éste la está observando–. Por ejemplo ahora los viejos ya no " hinchan " tanto con la hora en que debemos llegar de un "carrete"...
—Perdón, Claudia. "Los padres ya no exigen tanto en cuanto a la hora..." No me destroce el idioma mi amor... continúe –(risas).
—Bueno... es igual... Además hoy día los jóvenes tenemos más libertad para conocer a otros jóvenes, pololear quiero decir ¿ve?... Antes no se podían tomar ni la palabra... –(risas).
—Muy ilustrativo tu comentario, querida, pero me gustaría saber cuál creen ustedes que es el pensamiento de la generación joven, es decir, cómo ven los jóvenes de hoy nuestra sociedad actual. Qué piensan en cuanto a ello... ¿me siguen?... Siéntese señorita Mariño, gracias. Tal vez, el señor Aliaga quisiera darnos su opinión. ¿Nos hace el honor señor Aliaga?.
Cristian siente como si le hubiesen dado un mazazo en la cabeza y lo dejasen clavado al asiento. La temperatura sube bruscamente a grado 30. Respira hondo y se incorpora pesadamente, prolongando el tiempo, soñando con el timbre de término de clases...
—(Carraspea), (vuelve a carraspear)... –"Dale huasito"–, –"Dale gansito"– (risitas). Todas las miradas las siente clavadas como puñales en cada espacio de su cuerpo. Temiendo desmayarse en cualquier momento, recuerda uno de los dichos favoritos de su abuelo... "El miedo es un monstruo que no existe, Chato. Pero su aspecto es aterrador. Si abres bien los ojos y le miras desafiante, se empequeñecerá hasta adoptar una forma ridícula y luego desaparecerá como perro con la cola entre las piernas...". Mira a su alrededor paseando la mirada entre los alumnos, lo más sereno que puede aparentar, haciendo caso omiso a las risas contenidas. Poco a poco terminan los murmullos. Luego respira hondo y... ¡vamos Cristian!... tú puedes...
—Creo, profesor, que es difícil que todos los jóvenes piensen igual (carraspea), o piensen de una misma manera. Yo creo que depende de cómo hayan... hayamos sido criados. Yo no puedo decirle cómo piensa la juventud... actual (carraspea), por que no conozco mucho. Me crié en un pequeño pueblito, y ahí los jóvenes, estoy seguro (carraspea), piensan muy diferente de lo que puedan pensar, por ejemplo, en esta ciudad. Pero si quiere mi opinión...
—Por favor señor Aliaga...
—Bueno, a mí me enseñaron que no es bueno estar muy "atrincao". Pero tampoco tener mucha "rienda suelta". Lo bueno es tener libre... digo, libertad –(risitas nerviosas)–, pero nunca tanto como para perjudicarse uno mismo, o perjudicar y preocupar a los demás que lo quieren a uno... Eso es lo que yo pienso...
Cristian se sienta en medio del sepulcral silencio que causaron sus humildes pero acertadas palabras. De reojo le pareció ver al "monstruo ridículo" escurrirse avergonzado por debajo de la puerta de clases. El maestro se pone de pié, sonríe y se dirige a Cristian.
—"El de palabras pocas en sus labios..., pasa por sabio....". Gracias señor Aliaga... –Mirando irónicamente a Claudia, quien baja su rostro un tanto avergonzada, agrega–. Hacía tiempo que no me regalaban comentarios que no precisaran de alguna sufrida corrección.
La clase continúa amena y compartida, excepto por Claudia, quien después del comentario de Cristian no abrió la boca y se dedicó a fijar su persistente mirada en él.
El timbre de término de clases produce una algarabía prontamente controlada por el señor Rojas. Fuera en el patio, el muchacho colorín se acerca a conversar con Cristian...
—¿Qué tal?. Me llamo Ulises López –le tiende la mano.
—Hola, me llamo Cristian. –le cuesta responder al saludo de Ulises, ya que éste le toma su mano por el dedo pulgar como hacen los jóvenes. Hasta que Cristian logra acertar, lo que hace que ambos se rían del transe.
—Ja, ja... ¿Cómo se saludan en tu pueblo?
—Bueno como se hace en todas partes. Así... –Cristian estrecha la mano del muchacho.
—Ah, eso es "retro". Hay que ponerse en "onda".
—Está bien, no hay problema.
—¿Qué te pareció el "tres R" ?
—¿ Quién?
—Ja, El "tres R", pues. El profesor. Le dicen así por que se llama Raúl Rojas Rivera, tres "R", ¿ves?
—Ah. ya entiendo.
—¡Uf, menos mal! –hace un gesto como dando las gracias al cielo–. Además dicen que le gusta el "copete". Por eso dicen que le viene el apodo, ja, ja, ja.
—Ah, sí. Mi tío me dijo que así le dicen al vino.
—No, ganso... "Copete" es cualquier trago, no solo el vino. Además no seas "huachaca", aquí nadie toma vino, solo del fuerte, o cerveza.
—¿Aquí?, ¿Quieres decir, en el colegio?
—Bueno, en el liceo no, pues está prohibido. Pero fuera de aquí hay varios que le hacen al trago. Yo no, eh? –se apresura a aclarar–. A mí si que no me gusta esa onda. Eso sí que soy re' bueno pa' fumar. Mi papá no me dice nada. Es decir me dijo... –(Remedando la voz de su padre)–: "Que no te vea yo fumando jovencito"... Y como no me ha visto... no me dice nada... ja, ja, ja. Ríete, es un chiste –arruga la nariz para acomodarse los gruesos lentes.
—Ah, sí. Es divertido.
—Bueno pues, que te pareció.
—Qué, ¿el chiste?
—No ganso, el profe. De eso estamos hablando ¿no?
—Oh, sí. Perdona. Bueno, me pareció una buena persona, y se nota que sabe tratar a los alumnos.
—Es que no lo has visto enojado... Aaaah... cuando se enoja, te da "filo" –(hace un gesto con la mano)– por un buen tiempo, y si puede "rajarte" en las notas, te "raja". Así no mas, "care' palo". Por eso es mejor estar en la onda con él. Cuando anda en buena onda, es re' buena persona.
Ven, te voy a presentar a las "minas" del curso, son solo cuatro mujeres. La Mirtha no vino hoy, está enferma de la semana pasada. –Se acercan a las tres muchachas que conversan dando miraditas coquetas y risueñas a Cristian.
—¡Hola, “locas”! ¿Cómo están? Les voy a presentar al hua..., perdón... a Cristian. Saluden, no sean gansas...
—¡Hola!, Hola,... –Saludan atropelladamente–. ¿De dónde dijiste que venías, lindo? --Pregunta Nuri, la del pellizco, mientras Claudia y la otra muchacha pecosa y de larga cabellera pelirroja, de grandes ojos verdes pero no muy agraciada de rostro, se sonríen. La pelirroja mordisquea nerviosamente sus uñas.
—De “Chalinga”, en Ovalle.
—¿Chalinga? ¡Qué nombre más raro!, suena a "mandinga". Ja, ja, ja –interrumpe el pelirrojo. Ríen nerviosamente–. Parece un grupo Satánico. ¿En tu pueblo no hay brujas, y esas cosas, Cristian?.
—No, no hay nada de eso –responde Cristian con cierta seriedad.
—Vamos, no te enojes, si no te estamos "basilando". Solo preguntaba.
—¡Ulises!... Siempre con sus metidas de pata... –sanciona Claudia, mirando comprensivamente a Cristian, aprovechando la ocasión para congraciarse con él.
—Está bien. Si no me han molestado –dirigiéndose a Ulises–. No te preocupes. Uno de estos días les contaré acerca de mi pueblo. Ahora lo que más me preocupa es que me vaya bien en el liceo. No me gustaría repetir. Yo no entiendo nada de Minería.
—No te preocupes –se apresura a intervenir Ulises– ¡Nosotros tampoco!... Ja, ja, ja –sueltan todos una risotada escandalosa, que celebran por un buen rato.
—Si te juntas con los mateos del curso, te va a ir bien –interrumpe la muchacha colorina de pelo largo–. El Ulises te puede ayudar en matemáticas. Se las sabe todas ¿verdad Ulises?
—Cierto... Hey, pero tú no te has presentado flaca –se dirige a la colorina–. Preséntese como corresponde a una dama "esquisofrénica–locateli"...
—Oh, perdón... –La muchacha se ruboriza y adopta una actitud seria para disimular lo mejor que puede su nerviosismo–. Me llamo Irene, y soy hermana de Ulises.
—"Eso se nota de bieeen leejos". Ja, ja, ja, ja –corean al unísono Claudia y Nuri, mientras le toman el cabello a los dos hermanos. Todos irrumpen en carcajadas.
Tres muchachones de aspecto bravucón se acercan al grupo.
—¿Qué onda?. ¿Porqué tanta risa, "cabeza de cobre"?, Ja, ja, ja –pregunta uno de ellos con tono fanfarrón, el que parece ser el líder, mientras los otros dos, de mas baja estatura, celebran la pregunta como si se tratase de un gran chiste.
—¿Y a "vos" quién te invitó al baile, estúpido? –contesta en tono desafiante la Nurí, con sus brazos en jarra, mientras se le pone en frente.
—Cuidadito, flaca "pitillo", no te metai' conmigo. Sabís' que tenís' que salir del liceo y ahí no están los profes' pa' que te defiendan... Después nos veremos en el “hoyo” –responde el muchachón mientras le toma el mentón, a lo que Nuri responde retirando bruscamente la mano del "valiente". Un buen grupo de estudiantes se ha acercado al ver el barullo...
—Mira como me tiemblan la piernas –responde la Chica, mientras mueve sus piernas, como si temblaran. Sus dos amigas y Cristian, se apresuran a retirar a Nuri antes que la cosa se ponga mas grave...
—Ya, Nuri, déjalo. No te metas con ellos. No vale la pena –dice Claudia mientras logra apaciguar a duras penas a la iracunda Nuri. Los muchachones hacen un gesto grosero y despectivo y se retiran muertos de la risa.
Una vez terminado el tumulto, los "mirones" se retiran paulatinamente.
—Buena, "Guardaespaldas ". ¿Cuándo nos defiendes de nuevo? –le reprocha Irene a su hermano que durante todo el incidente permaneció mudo y separado del grupo.
—Si las suicidas son ustedes no yo pues. ¿Pa' qué se meten con el Nono?. Saben que es violento, y que es de los "Satánicos".
—¡Yo no le tengo miedo al desgraciado infeliz !..., Además es valiente en patota, pero estando sólo se... (irreproducible)... –La Nuri mira de pronto a Cristian y se calla de súbito, llevándose una mano a la boca–. Ay, disculpa Cristian. Qué vas a pensar de mí, que soy una rota.
—"Y no es chiste, ja, ja, ja" –interrumpe Ulises.
Las otras muchachas dan una mirada furibunda a Ulises, quien se calla abruptamente.
—No, está bien, yo entiendo –la tranquiliza Cristian–. ¿Por qué dijiste que era de los "Satánicos", Ulises?.
—De los Satánicos. El Nono está metido en uno de esos grupos fallados, que adoran al Diablo y matan gatos y todas esas tonteras. También se "pichicatean" y se ponen violentos. Por eso es mejor no meterse con ellos.
—¿Pichicatear?
—Drogarse, compadre. Pincharse, volarse, endiosarse, blanquearse, etc, etc. ¿Cachai, “loco”? –el colorín hace un gesto de " volado ", y el signo "paz" con los dedos, causando risa en sus compañeras.
—¿A qué se refería él cuando dijo que se verían en el “hoyo”?
—Ah, eso. Es que hay un hoyo en el patio trasero, que simula una entrada a una mina, para las clases prácticas.
—Ah.
En ese momento suena el timbre para reintegrarse a clases.
—Bien, hay que ir a matearse otra vez, ¿vamos, mis chicas? –Bromea el colorín, ofreciendo el brazo a las muchachas quienes se toman de él. Cristian se dirige a la sala con Irene, quien se ha quedado algo mas atrás.
La clase siguiente era de Matemáticas, donde Ulises se las contestó todas y Cristian sufrió enterrado en su asiento hasta que con un suspiro de alivio escuchó el bendito y maravilloso timbre de término de clases.
Para ser su primer día de clases no estuvo mal. Considerando que había hecho algunos amigos, enfrentado a los Satánicos, y logrado sobrevivir a la "lata de sardinas" Línea 3.

FIN DEL CAPITULO 4

lunes, abril 24, 2006

"LA PENSIÓN DE DOÑA MARIA" Capítulo 3

Contra la corriente –Novela...

Capítulo 3
" LA PENSIÓN DE DOÑA MARÍA"

Después de regresar del centro, refrescarse y lavarse las manos en su cuarto, tío y sobrino se dirigen a almorzar a la pensión de Alfredo.
Caminan dando vuelta a la esquina en un estrecho pasaje obstaculizado por varios vehículos estacionados. Alfredo golpea suavemente la reja metálica. La casa bien construida, destaca de las demás, con un ventanal grande, al parecer del dormitorio principal. Pintada de color rosado fuerte, ventanas y rejas azules. Su antejardín cubierto con cerámico rojo bermellón y ribetes negros, dan a entender el extraño gusto de sus dueños. Una “casa” para perros, color azul, se encaja en un rincón detrás de un arbusto.
—¡Aaaaló! ¡señora María! –Alfredo llama con insistencia a la puerta, mientras la enorme perra de la casa ladra furiosamente–. Yo no sé por qué no ponen timbre. Voy a tener que hacerme el amable e instalarlo yo... ¡señora Mariaaa!
Cristian trata de ocultarse detrás de Alfredo mientras no le quita la vista al enorme animal quien ladra como si quisiera comérselo.
—Ya, ya voy... Ah, es usted, don " Alfred". Espere un poco, voy a amarrar a la "Negra" primero, mire que a usted lo conoce pero a su amiguito lo puede morder, ¿Sabe?. ¡Ya!, cállate perra antipática, ¿no ves que es don "Alfred"?
La mujer, de baja estatura, de unos 55 años, viste pantalones ajustados azules de lanilla, los que resaltan su figura regordeta. Sandalias de goma dejan ver las uñas de sus pies pintadas de rojo chillón al igual que las de sus manos. Sus ojos pintados profusamente hacen resaltar sus pestañas postizas sobrecargadas de rimel. Una blusa estampada de seda, peinado "Afro" rubio teñido, pañuelo amarrado a lo "Rambo" y dos grandes aretes de medialuna completan su estrafalaria indumentaria. Con dificultad logra controlar al animal amarrándolo a la reja. Luego procede a abrir la puerta invitándoles a entrar con un gesto cinematográfico.
—Pasen, por favor amorcitos.
Cristian se queda boquiabierto sin poder disimular su asombro. El aspecto caricaturesco de la mujer, casi no le permite evitar la risa, mientras da una mirada a Alfredo. Éste, dándose cuenta de la sorpresa del muchacho, le guiña un ojo haciéndose cómplice de la risa contenida de su sobrino.
—Pasen, pasen, no sean tímidos... si la que muerde es la "Negra", no yo, ja, ja, ja... ¡Coortalaaa, "Negra"!
Mientras la perra no deja de ladrar, la mujer les hace pasar al comedor ya preparado con los cubiertos sobre la mesa. Alfredo y Cristian se acomodan en sus respectivas sillas.
—Así es que éste es su tan mentado sobrino, ¿Williams?
—Cristian, se llama Cristian, doña María –insiste Alfredo con tono divertido.
—Ay, Ja, ja... Usted perdone, jovencito, ja, ja, ja. Es que soy tan mala con los nombres, ¿Sabe?. De todos modos... su tío nos ha hablado mucho de usted... ¿Puedo llamarle Cristian?
—Claro, señora, no hay problema –asiente Cristian.
—Uy, que simpático... Ah, don "Alfred", la "Nila" le dejó un recado.
Dirigiéndose a Alfredo pone su mano en el brazo de él, de modo maternal.
—Dejó dicho que la disculpara, porque tuvo que viajar a Tocopilla. Su Papá la mandó a buscar para que le ayude.
Luego se dirige a Cristian a modo de explicación.
—Es que yo soy separada ¿Sabe?. El papá de "Nila" vive en Tocopilla. Y como es la única hija mujer... busca cualquier pretexto para que lo vaya a ver. Es su regalona. A mi no me molesta ¿Sabe?. Después de todo él siempre nos ayuda con algo de platita. Yo tengo que rebuscármelas para mantenernos ¿Sabe?. Por eso tengo pensión. Don "Alfred" es mi cliente regalón, por que es novio de "Nila", ¿verdad don "Alfred"?
—Polola, doña María, somos pololos.
—Bueno, es lo mismo... Ay usted que es –le da un pequeño empujón–, si nadie le está echando el lazo, ¿sabe?, ja, ja, ja.
—¿No dijo cuándo regresaría? –pregunta riendo, Alfredo.
—Bueno, ella dijo que el Lunes. Pero usted sabe que a veces el papá la deja por mas tiempo, no sé...
—Qué lástima. Yo tengo que subir el lunes a la Mina, y ya no regreso en una semana más.
—Bueno, después se ponen al día, pues don "Alfred", ja, ja, ja –la mujer guiña un ojo a Alfredo, mientras le toca el codo–. ¿Su sobrino vendrá a almorzar solamente, como usted don "Alfred", o desea que le demos onces y desayuno?
—Sí. Él tomará desayuno, almuerzo y onces. Después arreglamos el precio, ¿le parece?
—Oh, está bien, don "Alfred".
—Perdona, tío, eh... digo, Alfredo. Si no te molesta prefiero desayunar en la pieza para no llegar atrasado a la escuela –le pide Cristian, con mirada suplicante.
—Bueno si lo prefieres así... De todos modos cuando desees desayunar aquí, puedes venir cuando quieras, ¿verdad señora María?.
—Por supuesto, no faltaba más. Bueno ahora basta de bla, bla, y vamos a almorzar, miren que les tengo una sorpresa.
La mujer se ausenta por unos minutos y regresa con una fuente tapada y unos platos que pone frente a Alfredo y Cristian. Con mirada expectante y ávida por ver la reacción de los dos, destapa la fuente...
—¡Chuletas de cerdo con puré! Tatáan. ¿Qué les parece? –aclama risueña.
—¡Vaya, sí que es sorpresa!. Yo esperaba chupín de pescado –dice Alfredo, mientras da una mirada con picardía a Cristian, quién exhala un contenido suspiro de alivio.
—¡Cómo se le ocurre don "Alfred"!, Hay que darle una bienvenida como se merece a este jovencito, ¿sabe?. Ya pues, sírvanse que el puré se enfría rápido. “Bon apetit.”
Los dos disfrutan del inesperado almuerzo mientras doña María parece disfrutar observándoles comer con tanto gusto.
Después del almuerzo, y luego de esquivar los zarpazos de la "Negra", ambos se retiran a la pieza.

Alfredo está tendido boca arriba sobre la cama, mientras Cristian, sentado en el sofá, sostiene su cabeza hacia atrás sobándose el hinchado estómago.
—¡Qué panzada, "Alfred"!. Casi no puedo abotonarme el pantalón... aah.
—¿"Alfred"?. Para ti soy "Alfredo", payaso –le arroja un almohadón–. Y por esta vez te escapaste del pescado. Pero no creas que doña María siempre cocina así. Sus almuerzos son mas bien con gusto a poco. Debe haberle enviado plata don Lucho.
—¿Don Lucho?.
—Su marido, es decir su ex-marido. Aunque solo están separados. Él vive con otra "comadre" en Tocopilla.
—¿Y por qué manda a buscar a tu polola? –le devuelve el almohadonazo.
—Según él, para que le ayude en el negocio. Tiene un pequeño restauran de comida china. Pero la verdad de la milanesa, es que lo hace para regalonear un poco con Nélida. La quiere mucho, por ser la única mujer. Tiene un hijo de tres años con la conviviente, pero es varón. Y además del Leo, no tiene más hijos.
—¿El Leo?
—Si, Leonardo, el hermano de Nélida. El Señor Miranda del que te hablé, el profesor del Liceo.
—Ahh.
—Buen tipo don Lucho. Yo lo conocí el mes pasado, cuando vino a arreglar unos asuntos de cheques protestados. La Nélida me lo presentó. Fuimos a comer juntos. Yo invité... Me salió más salado, pero cuando vaya a Tocopilla me desquito en su Restauran y le como hasta los platos...ja, ja, ja.
—Aayy, me duele la guatita... "Alfred", ¿Cuándo dijiste que subías a la mina "Almíbar"?
—Ja, ja, ja... "Zaldivar", tonto, "Zaldivar"... El Lunes. Tengo que estar a las 6 de la mañana cerca del paradero de la otra cuadra para alcanzar el bus que nos lleva a la mina. Flaco... si no te importa me voy a pegar una siestecita reparadora para asimilar las chuletas de cerdo.
—Yo también voy a dormir un poco. Buenas tardes... "Alfred" –nuevo almohadonazo–.Ja, ja, ja.

Los dos días siguientes, Alfredo y Cristian, se dedicaron a recorrer la ciudad.: La zona céntrica comercial donde Cristian se "pegó" a cada vitrina. El cine, donde se durmió y despertó al final de la película. El Balneario, donde se negó rotundamente a adentrarse en el mar más allá de la extrema orilla a pesar de las bromas de Alfredo. La azotea del Edificio más alto de la ciudad, donde Cristian se mareó de vértigo. El museo histórico, donde tocaba todo con la mano. Las Ruinas de Huanchaca, donde se resbaló y quedó todo rasmillado... Y por supuesto, La Portada... Portada natural labrada por el mar a orillas de los desfiladeros de arena, que enmarcada en un precioso crepúsculo anaranjado, parecía un cuadro impresionista de esos que Manet pintaba de la naturaleza, salpicado de pintitas negras voladoras, gaviotas juguetonas cual niños bulliciosos que se niegan a recogerse al descanso.
En ese entorno casi irreal, los pensamientos de Cristian vuelan tras las gaviotas cercanas, que recogen sueños en sus picos, dejándolos caer cual plumas llevadas por el viento, que suben, se arremolinan frenéticamente... para luego caer girando lentamente, flotando en un descenso gracioso, hasta posarse nuevamente en su mente de adolescente soñador, dueño del mundo y sin embargo carente de todo, menos de recuerdos tristes que se acumulan en su pecho confundido y aturdido. Nuevamente saturado de preguntas y emociones encontradas. Nuevamente con ese nudo apretando su garganta...
El rostro del Tata, “Don Bena” con la bombilla del mate en su boca, se recorta en el sol rojo que agoniza en el mar salpicado de colores amarillos, rojos y anaranjados, con su sonrisa serena, segura, complaciente...
—"Tómate el mate, Chatito. El mate hay que tomarlo caliente pa' que te haga llorar ahora y reír después. Mira que llorar es bueno pal' espíritu. Así se vacían las amarguras y las penas... y quedai' livianito pa' seguir viviendo..."
El graznido de gaviotas inquietas añaden un fondo dramático a las palabras del Abuelo en su mente...
—"La gente nunca para de llorar, ¿sabias?. Solo dejan de brotar lágrimas. Son como gaviotas que nunca paran de graznar y de zambullirse en el mar... llanto contenido que si pudiera salir, capaz que llenase el mismísimo mar..."
El Abuelo se quedaba viendo el infinito, con su mirada perdida en la distancia.
—"La gente tiene tanto por qué llorar –decía..."
Tal vez recordaba sus propios motivos por los que llorar. Quizás por la "Mami", quizás por su "Pai"... quizás por la vida mezquina que le quitó sus risas y sus momentos gratos, y la posibilidad de ver hacerse hombre a su "Chato" querido...
—"Es que nadie vive solo de recuerdos –decía con voz quebrada por la nostalgia–. Hay que tener también motivos pa' querer seguir viviendo, sino estamos fritos, Chato, estamos fritos..."
¿Sería cierto lo que decían las viejas en " Chalinga", que su tata se dejó morir?... ¡No, no ,no!... eso es impensable. El tata amaba la vida... la misma vida era su motivo para vivir...

—¿Te acuerdas, Flaco, que a mi taita le gustaba hablar del mar?...–La voz de Alfredo le saca de sus cavilaciones–. Él decía que había sido pescador en Taltal... Ja, yo nunca le creí... pero ahora que lo pienso... uno que nunca ha vivido del mar o cerca del él, no puede hablar con tanto amor acerca del mar como lo hacia mi viejo...
Alfredo, arrimado en la baranda de fierro oxidado del mirador, suspira en cada frase, como masticando los recuerdos uno a uno, mientras se queda mirando la agonía del sol, con la vista perdida, tal y como lo hacía su padre.
—Estaba pensando en eso justamente, Alfredo. ¿Tu crees que el Tata haya querido morir y se haya abandonado al frío?
—¿El viejo?... No, ni por un instante. Lo que pasa es que estaba empecinado en encontrar la mina de oro que el Benancio le dijo había hallado y luego perdido. No por la plata, tu sabes que a mi taita nunca lo mareó el dinero. Mas bien quería convencerse que el Benancio no había difariado, como decía mi vieja, ni que andaba fanfarroneando como decían en el pueblo. Pero el que la embarró, fue el mismo Bena, por meterle en la cabeza que en uno de esos días encontraría de nuevo la veta y que estaba tan cerca, por que lo había soñado y que en sueños había visto la picota que se le perdió justo encima de la veta.
—Pero, ¿cómo sabes todo eso?.
—Tu abuelo me lo contaba cada vez que iba a verlo. El viejo decía que ese sueño había matado al Benancio. Tenía miedo que tu lo supieras y te empecinaras también y fueras a buscar la picota roma, como le decía el Benancio. Decía que si él la encontraba primero y no había ninguna veta de oro, nadie más se iba a aventurar en el desierto a buscarla.
—Pero si yo era muy chico como para querer irme de pirquinero.
—Bueno, así pensaba él. Parece que tú le hacías muchas preguntas.
—Sí, pero yo quería saber cómo había muerto mi papá. Y por qué había muerto sólo, en el desierto. No por que quisiera ir a buscar la mina.
—El caso es que ese día que se fue, nunca pensaba quedarse más de tres días. Al menos así le dijo a la señora Melania. Lo que pasó, fue que al viejito lo pilló una camanchaca y se quedó dormido, por eso se..... bueno, por eso lo trajeron congelado de frío.
—Me acuerdo de lo angustiado que estuve esa semana que no volvió. Yo me quedé en casa del Atilio.
—¿Atilio?
—El Atilio, pues, el hijo de don Miguel, mi padrino.
—Ah, ya.
—Alfredo, ¿Quién quedó en la casa de “Chalinga“?
—Precisamente Don Miguel, tu padrino. Un día te contaré un secreto acerca de él.
—¿Qué es? Vamos, dímelo...
—No, Cristian, ahora no, no insistas. Prometo que te lo diré después.
—¿Y cuándo es ese “ después”?
—Después. Mira, si pasas de curso, te lo digo.
—Chitas, ahora tendré que esforzarme en los estudios para saberlo. ¿No será que me estás inventando para que yo estudie?
—Ojalá fuera un invento, Cristian. No, no lo es.
—Alfredo, ¿Qué va a ser de nosotros ahora?
—Ey, Ey. No se me ponga triste mi sobrino. ¿Qué va a ser?. Nada, pues. Que la vida seguirá adelante –Alfredo rodea con su brazo a Cristian y luego le estrecha afectuosamente–. Tú y yo encontraremos nuestra media naranja, nos casaremos, tendremos hijos y todo vuelve a empezar. Por ahora usted preocúpese de estudiar y sacar buenas notas para que después gane "buen billete" y me mantenga a mi, mientras yo me doy la vida del oso, con mujeres, "copete", juergas y me gasto todo el sueldo de mi sobrino... Ja, ja, ja.
—Ja, los sueños del fresco "Alfred", ja, ja, ja –ambos se trenzan en fingida lucha.
—Oye, "Alfred"...
—No me digas "Alfred", payaso...
—Bueno, Payaso... ¿Y ahora cómo nos iremos?. Se ha hecho de noche y estamos lejos de la ciudad, y parece que ya no hay locomoción –pregunta con cierta preocupación Cristian.
—No te preocupes, Flaco, ven... –Alfredo se aproxima a una camioneta que se dispone a regresar a la ciudad con un matrimonio de cierta edad.
—Disculpe señor. ¿Podría llevarnos a la ciudad?. Solo vamos a la entrada norte, nos bajamos en el "Trocadero"...
—Suban atrás –contesta el hombre.
—Gracias, muy amable.
—Por nada. Golpeen el techo cuando deseen bajarse.
—Ok, Así lo haremos.

La noche ha caído y la ausente luna permite disfrutar de una hermoso cielo negro salpicado de estrellas, que junto a la brisa del viento sobre la cara detrás de la camioneta, se lleva los recuerdos tristes y parece elevar el espíritu. Hay tanta belleza en la naturaleza, tanta hermosura. La mente de Cristian se llena de preguntas sin respuestas. ¿Acaso existirá alguien que las pueda contestar, alguien que le pueda regalar las ansiadas respuestas?. Algo le dice que en algún recodo del tiempo se encontrará con ellas.


FIN DEL CAPÍTULO 3





GLOSARIO

Pensión: Hogar particular donde ofrecen comida y/o alojamiento para los trabajadores solteros o que no son de la ciudad.
¡Coortalaaa!: Déjate, detente, deja de hacerlo.
Tocopilla : Pequeña ciudad Nortina y costera de Chile.
Polola (o) : Enamorada(o) con quien se hacen citas sin estar comprometidos.
chupín de
pescado : Plato típico nortino.
Plata : Dinero.
"comadre" : Tipa, mujer, fulana.
la guatita : El estómago.
Ruinas de
Huanchaca : Antiguas ruinas de una fundición de metales, boliviana.
Pa’ pal’ : Para, para el...
Quedai’ : Quedas.
Pai : Papi, papito. Padre.
Mami : Madre.
estar fritos : Estar perdidos, terminados, acabados.
Chalinga : Pueblito rural del norte de Chile.
Taita : Padre.
Taltal : Pequeño puerto del norte de Chile.
Difarear : Pensar desequilibradamente, ver visiones irreales.
Embarrar(la) : Hacer algo desafortunado, cometer una torpeza.
Camanchaca: Nubes bajas a ras de suelo, con temperaturas muy bajo cero en su interior..
Chitas : “Puchas”, qué lastima, qué lamentable.
Media naranja :Compañera, Esposa.
Copete : Tragos, licor, vino.
Trocadero : sector residencial a las afueras dela ciudad.

lunes, marzo 06, 2006

"UN NUEVO COMIENZO" -Capítulo 2

Contra la corriente –Novela...

Capítulo 2
" UN NUEVO COMIENZO "

El bus serpentea entre los áridos cerros que custodian el interminable camino de asfalto y polvo desértico.
Una enorme mano parece emerger desde las profundidades de la tierra como queriendo atrapar a algún caminante descuidado.
—¡Alfredo, mira! Allí... –Señala Cristian, excitado.
—¿Qué?, ah, sí. Es la "Mano del desierto", es obra de un artista Chileno. Un día te traeré para que la conozcas de cerca. Es más grande de lo que parece.
Alfredo se acomoda nuevamente en su asiento reclinado. El calor a ratos se hace insostenible. Cristian trata de seguir mirando por la ventanilla, queriendo ver cualquier cosa. Cualquier cosa es mejor que nada en el desierto.
Las sombras del atardecer parecen cambiar el pobre paisaje desértico. Asemejan enormes seres mitológicos queriendo atrapar al bus en cada curva, extendiéndose cada vez más, siniestros, arteros. El joven reclina su cabeza en el asiento, cerrando los ojos. Las imágenes regresan juguetonas, lejanas...
—"Cristian, anda a ayudar a tu tío Alfredo que viene cargado de maletas" –advierte la Señora Julia, en voz alta, mientras seca sus manos en el delantal y se apresura a entrar en la cocina, al ver de lejos a Alfredo acercándose a la casa–. "Yo voy a preparar un matecito que tanto le gusta. Avísale a tu abuelo que venga, está en el banco carpintero".
—"Sí, mami" –contesta el chiquillo desde el patio trasero, en ese tiempo de unos diez años, mientras corre entusiasmado en dirección a su Tío.
—"¡Cristian!" –grita la abuela.
—"¡Sí mami!" –el niño detiene bruscamente su carrera y regresa corriendo a la casa, donde el Tata, entendiendo la contraorden.
—"¡Abuelo! ¡Abuelo!" –grita agitado–. "¡Viene el Tío Alfredo, y viene cargado de maletas!"
—"Ya, ya. Ya te oí, no gritís' tanto que no estoy sordo" –el Tata desata su 'coleto', y se pone su sombrero de fieltro que le confiere un aspecto de señor importante. De esos señores elegantes de los años 30, con un aire Gansteril, de la época de 'Capone'.
Es Cristian quien llega primero a recibir a Alfredo. Su abuelo camina parsimonioso, con una sonrisa de satisfacción en su rostro. Sin quitar la mirada del rostro de Alfredo. Observándole satisfecho, orgulloso. Sus pantalones anchos, como a él le gustan, sostenidos por suspensores que se niegan a rendirse ante los tiempos y su camisa blanca, arremangada, flamean cual banderas victoriosas, altivas al viento.
Cristian recuerda bien esos viajes de Alfredo a pasar sus vacaciones en casa de los abuelos.
El asiento incómodo del bus no le deja dormir. Medita en el hecho de que es la primera vez que viaja tan lejos. Sus únicos viajes hasta el presente son, desde " Chalinga" hasta el pueblito de Ovalle, y de Ovalle a Chalinga. (¡Qué emocionante!).
Alfredo era el único hijo que en ese entonces le quedaba a Don Bena. Benancio, su otro hijo, el padre de Cristian, se había ido ya. Lo habían encontrado un día, tirado en el desierto, con los ojos abiertos mirando al infinito, como queriendo alcanzar en el cielo, la fortuna que siempre le fue esquiva en la tierra, o tal vez buscando la imagen de Lidia, su mujer, quien había muerto de pulmonía cuando Cristian apenas tenía dos años.
Triste la vida de los Aliaga. Sin embargo tenían 'lomos duros' como le gustaba afirmar a Don Bena. Era como si la muerte siempre estuviera rondando la casa, de visita. Tal vez le gustaba retozar bajo la sombrilla fuera de la casa, techada de uvas y de hojas tiernas de la parra bien regada por la abuela. Quizás por eso nunca se iba por mucho tiempo.

Cristian sigue contemplando sus imágenes meditadas...
—"Ja, ja, ja. Hola Cristian, hola Papá. Que gusto llegar a casa–. Alfredo deja la maleta y los bolsos que trae en el suelo para saludar a Don Bena, mientras Cristian se abraza efusivamente de las piernas de su tío, sin dejarlo caminar–. "Hey, hey, cualquiera diría que no vengo hace muchos años".
—"Es que el chiquillo te espera con ansias pu', Alfredo. Podrías venir más seguido, hijo. La viejita y yo también te extrañamos".
—" Es que la pega no está buena, Taita. Y sale caro estar viniendo tan seguido. Pero dicen que se van a abrir otras mineras pronto, y a lo mejor ahí encuentro mejor pega. Así podré venir más seguido".
Cristian coge la maleta grande de la mano de Alfredo, la cual por su peso se le cae al suelo bruscamente. Sus esfuerzos por cargarla, dan a su rostro transpirado y enrojecido, un aspecto muy cómico.
—"Deja, deja, Chato, yo la cargaré. Eres una calamidad. Tenís' que comer mas "cocho con leche" para que tengai' más ñeque'" –dice riendo don Bena, mientras levanta la maleta. Alfredo ríe de buena gana.
—¡Cristian! –la voz de Alfredo lo sobresalta al sacarlo de su dormitar–. Ya llegamos a Antofagasta.

Cristian mira por la ventanilla. Ya ha oscurecido y solo logra ver las luces de las casas, mientras el autobús da las últimas vueltas por la entrada sur de la ciudad. Al llegar al terminal, el bus se estaciona en el andén. Los pasajeros se aglomeran al lado de la máquina. Alfredo retira con dificultad las maletas y un bolso de mano. Cristian carga con algunos paquetes y un bolso.
Un grupo de Taxistas se acerca a los pasajeros con algarabía, bromeando entre ellos. "¿Taxi señor?. Lo llevamos cómodo". "Jefe, mire, auto nuevo". "No estís' levantando a los pasajeros pu' guatón, el caballero se va a ir conmigo ¿verdad patrón?". "¿Le llevamos las maletas, señora?". "Hey lorea' como se quiere avivar el chino, si yo le ofrecí primero, al caballero pu' pasao' pa' la punta" "Oye, mira la comadre pa' gorda, no se puede subir al taxi, se le va a rajar la falda". "Oye, flaco, dile a tu señora que baje de peso, si no vas a morir aplastao'". "Ja, ja, ja."
Mientras dura la distracción uno de los Taxistas, extremadamente bajo de estatura, sube las maletas de Alfredo a su auto y gentilmente, con una caricaturesca reverencia, extiende su mano a la puerta abierta de su auto invitando a Alfredo y Cristian a subir. " Oye, mira se avivó el Chico, te quitó al pasajero". "Hey chico avispao', adonde la viste" "Te va a llegar, cabro chico, te vamos a acusar a tu mamá, la vieja gorda, para que te aplaste" "ja, ja, ja, ja."
—¿Adónde llevamos a los señores?" –pregunta el taxista, mirando por el retrovisor a sus colegas, con una sonrisa pícara en el rostro.
—A la población Bonilla, por favor –indica Alfredo.
—A cual Bonilla Señor, –pregunta el taxista, sonriendo por el espejo retrovisor– ¿Bonilla baja, Bonilla Alta, Ampliación Bonilla, Nueva Bonilla, Avenida Bonilla, o Simplemente Bonilla?. No sé a qué inteligente se le ocurrió ponerle nombres tan exclusivos a esas Poblaciones. Hay que ser adivino para encontrar una dirección. Ja, ja, ja.
—A la "simplemente Bonilla" –contesta Alfredo, sumándose a la risa del taxista.
El taxi se detiene en un pasaje amplio, pobremente iluminado. De esos donde se ha dejado un espacio pequeño para arboledas, y que nunca tienen árboles.
—¿Cuánto le debo, amigo?
—Para usted, dos luquitas' no más mi caballero. El taxímetro marca un poco más.
—Esta bien, gracias. –Alfredo saca unos billetes arrugados de su bolsillo, los estira lo mejor que puede y se los pasa al taxista, quien cierra el maletero después de bajar las maletas.
—Gracias mi caballero, estamos para servirle. Tome, aquí tiene mi tarjeta con mi teléfono por si algún día necesita de un taxi.
Las luces del auto se alejan mientras Cristian se las queda mirando hasta que se pierden de vista. Es de noche y no es mucho lo que hasta ahora puede ver de Antofagasta. Solo la casa donde vivirán. Una casa tipo, de esas que entrega el Gobierno en sus planes habitacionales, con un pequeño antejardín de un metro y medio, sin estucar, y una puerta de madera. Dos pequeñas ventanas completan el frontis de la vivienda. Alfredo se dirige hasta un portón lateral metálico con una pequeña puerta en medio, al lado del antejardín, y que comunica con un pasillo directo al patio trasero.
—Entremos, Flaquito, que se está poniendo helado. –Alfredo busca entre sus bolsillos y saca una llave con la cual abre la pequeña puerta metálica.
—¿Ves? Te dije que teníamos entrada independiente.
Ingresan a un pequeño pasillo sin techo después del cual acceden a una pieza de madera y cholguán, construida artesanalmente por algún maestro chasquilla en el patio de la casa. Una casucha semi destartalada tiene escrito en un trozo de madera: "Baño".
—Ese es el baño. Es independiente al de los dueños. Así no tenemos que molestarlos cada vez que queramos ocuparlo –señala Alfredo, mientras abre la puerta del cuartucho.
Alfredo saca una llave del bolsillo con la cual abre el pequeño candado que cierra la puerta de la habitación. Cristian pasea su vista por el lugar, con mirada triste, desencantado, mientras Alfredo ha encendido la lámpara de velador y acomoda las maleta y los bolsos sobre un mueble hechizo de madera, que hace las veces de Ropero.
Cristian se sienta con su pequeño bolso de mano en la cama, contemplando con mirada perdida el piso de tierra endurecida de la habitación que es de un tamaño regular. Una vieja silla, un pequeño baúl de madera, una cocinilla de dos platos, a gas, un viejo sofá, un pequeño velador y uno de esos "muebles" de alambre y plástico que se venden en esas ferias baratas, completan el "mobiliario".
—De día no parece tan deprimente, Flaquito –se apresura a decir Alfredo, al notar la mirada de decepción del muchacho–. Mañana iremos a tu Escuela. Ya tengo arreglado lo de tu traslado. Te gustará.
Cristian se recuesta en la cama, con su vista fija en el techo de calaminas.
—Acuéstate bajo las tapas, flaquito. Yo dormiré en el sofá. –Alfredo ayuda a Cristian a sacarse los zapatos. Lentamente su sobrino se quita los pantalones y se mete bajo las tapas. Sin hacer ningún comentario mas, cierra los ojos para dormir.
La noche pasa sin mas trámite, complaciente, protectora para tío y sobrino, rendidos por el viaje y las emociones de los últimos días.

Apretujados en la improvisada "mesa-baúl", Alfredo y Cristian desayunan tostadas con mermelada. Alfredo se ha sentado en el sofá, arrimando el baúl, y Cristian ocupa la única silla de la habitación.
—¿Dónde es tío?.
—"Alfredo".... ¿Dónde es qué?
—Perdón. Alfredo,... ¿Dónde queda la Escuela?.
—¿El Liceo Industrial?. Queda cerca de aquí. A unos 5 o 10 minutos en "Liebre".
—¿Liebre?
—Taxibuses, Flaco. Así se les llama aquí. Te inscribí en segundo medio, en la especialidad de Minas. Afortunadamente estamos en mitad de Marzo, así es que lo vas a tomar desde el principio. No te has perdido mucho.
—¿Minas?, ¿No será muy difícil?.
—Al principio puede que te cueste un poco, pero ya te nivelarás. Me vas a perdonar que no preguntara tu opinión, pero todo pasó tan deprisa que en cuanto me informaron de la... situación de papá, sabía que el único camino lógico era traerte a vivir conmigo, y como tu ya vas un año atrasado, lo primero que se me ocurrió fue hablar de inmediato con el Señor Miranda, profesor de cuarto medio, para que te consiguiera un cupo en ese colegio, y así no perdieras el año. El se comprometió a darte una 'empujadita'.
—¿Tú lo conocías?
—Claro, es el hermano de Nélida.
—Tu Novia...
—Mi polola, Flaco, mi polola.
—¿Vive cerca de aquí?
—Quién...¿ El señor Miranda?
—No, tu polola.
—Sí, a la vuelta de la esquina, en la segunda casa. Tiene una perra enorme. Acostumbran a dejarla amarrada en el antejardín.
—A tu polola...
—No, a la perra , payaso. –Alfredo revuelve el cabello de su sobrino mientras ambos ríen, envolviéndose en una fingida lucha sobre la cama.

Alfredo y Cristian esperan el taxibús, el cual se detiene absolutamente lleno de pasajeros, en su mayoría estudiantes que se dirigen a sus colegios.
—Sube, flaco. Si no, no alcanzaremos a llegar a tiempo. –Alfredo empuja a Cristian hacia la masa humana, y luego se encarama en la pisadera casi colgando del vehículo.
—" Suba, señor, que tengo que cerrar la puerta. No puede ir nadie colgando. No quiero que me saquen un parte." –El chofer da ordenes cual director de orquesta, que conoce su oficio, mientras cierra dificultosamente la puerta del taxibús dejando apretado cual sardina en lata, a Alfredo .
—" Ya, niñitos, córranse pa' atrás, que aun queda espacio".
—" ¡Cómprate un acoplado, viejo!. O fabrícate un segundo piso. ¿No vis' que ya no entra más gente?" -las chanzas son celebradas con constantes risotadas de los estudiantes que conforman el bullicioso pasaje.
—" ¡Si nos seguís apretando la guata', nos vas ha hacer vomitar a todos! Ja, ja, ja."
—" Eso me pasa por subir "Pingüinos". Después se quejan que los choferes les tienen mala" –protesta el ajizado chofer, dirigiendo su mirada a Alfredo como buscando su justificación.
Al llegar a su destino, Alfredo y Cristian son arrastrados por la marea de estudiantes que baja del vehículo, quedando éste prácticamente vacío.
—¿Todos venían para el Liceo, Tío?
—La mayoría en este caso. A veces solo se bajan unos cuantos... y dime "Alfredo", ¡durazno!.
—Perdona, "Alfredo Durazno". Alfredo, ¿Por qué el chofer llamó "Pingüinos” a los Estudiantes?
—Ja, ja, Así llaman los choferes en forma despectiva a los estudiantes con sus uniformes azules y camisas blancas, como los pingüinos que parecen vestir de etiqueta.
El Director les hace esperar un rato. Al cabo de unos minutos uno de los inspectores, les hace pasar al despacho. Después de saludar a Alfredo y a Cristian, el director les invita a sentarse.
—Asiento, asiento por favor. El señor Miranda ya habló conmigo, así es que ya le tenemos lista la vacante a su sobrino. Supongo que es este jovencito, ¿verdad?.
—Así es, señor Artíguez. Este es Cristian, mi sobrino.
—Así es que éste es el jovencito "Ovallino". ¿Cuántos años tienes, hijo? -el Director, hombre complaciente, regordete, un tanto calvo, se acomoda en su asiento entrelazando sus dedos sobre el escritorio, mirando al muchacho con curiosidad por sobre sus pequeños anteojos. Cristian se revuelve incómodo en la silla.
—Dieciséis, señor, pero cumplo diecisiete en Mayo.
—¿Y dime, te acostumbras a la ciudad? -su pequeño bigote se mueve cómicamente al hablar.
—Recién llegamos ayer, Sr. Artíguez -interrumpe Alfredo.
—¿Y ya viene al Liceo?... Algo me dice que tenemos a un jovencito muy aplicado aquí.
El Sr. Artíguez, saca un libro del cajón de su escritorio y después de abrirlo, se dispone a tomar nota...
—Y dime, hijo, ¿ cuál es tu nombre completo? –pregunta por sobre sus lentes acomodados ridículamente sobre la punta de su regordeta nariz.
—Cristian Benancio Aliaga Muñóz, señor.
—Cristian por tu papá, supongo.
—No, mi Pai', quiero decir, mi papá se llamaba Benancio, como mi Abuelo.
—¿Se llamaba?, ¿Que ya no se llama? –el director da una mirada de interrogación a Alfredo.
—No Señor. Él murió cuando Cristian tenía 11 años –interviene Alfredo.
—Oooh, cuanto lo siento hijo, ¿Y tu madre?
—También falleció, cuando yo tenía como dos años. No alcancé a conocerla.
—Oh, es una pena. Es decir que solo tienes a don Alfredo por familia –afirma a modo de pregunta el Director, mirando a Alfredo como buscando en éste, una respuesta tranquilizadora.
—En realidad no –responde Alfredo–. Cristian tiene más familia por parte de su mamá. Dos tías y su abuela materna. Pero ellas viven en Hijuelas, un pueblito de la quinta Región, y son de situación económica baja. Y aunque querían cuidar a Cristian, yo preferí traérmelo a Antofagasta, para que termine sus estudios y pueda repuntar más que su padre y que yo, que escasamente completamos la básica. .
—Y usted, ¿nunca intentó terminar sus estudios de enseñanza media, señor Aliaga? –Alfredo sonríe, mientras se acomoda en la silla, un tanto nervioso.
—En realidad lo intenté. Mientras trabajaba, me inscribí en la "nocturna". Pero las malas juntas me alejaron de la escuela y perdí el año dos veces. Me dio vergüenza regresar, así es que un día deje de asistir así no más. No he vuelto a intentarlo.
—Bueno, nunca es tarde para tratar... ¿Qué edad tiene usted, Sr. Aliaga?
—¿Yo?. Veintiocho –nuevamente se acomoda en la silla, esta vez más nervioso–. Con su respeto, señor Artíguez, me gustaría que termináramos con lo de Cristian, yo tengo que hacer otras cosas en la mañana.
—Oh, perdón no quise incomodarle.
—No, no se preocupe. Solo que el tiempo se me hace muy corto en las mañanas.
—Es verdad. Bueno, eso es todo. En realidad los otros antecedentes usted ya me los había adelantado –incorporándose les ofrece la mano mientras Alfredo y Cristian se ponen de pié–. Como hoy es Viernes, será mejor que te integres el lunes, jovencito. Trae un cuaderno y lápiz para empezar. Las demás cosas te las iremos pidiendo durante la semana.
Salen por el largo pasillo del Liceo, hasta la puerta de entrada, de rejas metálicas. Algunos estudiantes, alcanzados por el horario de inicio de clases, ingresan apresurados y agitados.
—¿Dónde iremos ahora, Alfredo? –pregunta Cristian, intrigado por el repentino apuro de Alfredo.
—Vamos al centro, quiero que conozcas un poco la ciudad –Alfredo no puede ocultar su nerviosismo.
—¿Algo te molesta...? –pregunta intrigado el muchacho.
—No es eso. Es que... ya es la tercera vez que el Director trata de convencerme de volver a estudiar.
—¿Y eso te disgusta?
—No es eso. La verdad es que no puedo pensar en ello por ahora. Y me incomoda que me urjan.
—¿No te gustaría ir a la escuela?
—Después conversamos de eso... ¿Te parece? –Alfredo desvía la atención del tema bromeando y despeinando a Cristian, quien ríe de buena gana.
Suben a otro taxibús, ya sin su carga "bulliciosa-estudiantil", y se sientan al final del vehículo.
Al llegar al centro de la ciudad, dirigen sus pasos a la plaza de armas.
—Esta es la famosa Plaza Colón.
—¿ Famosa?
—Es un decir, flaco. Algunos de mis compañeros de trabajo de más edad, me cuentan que por años los jóvenes, especialmente estudiantes, durante las "fiestas de primavera", acostumbraban a pasear a la redonda, disfrazados, dando vueltas y vueltas tal como si fueran manecillas de un reloj. Hacían amistades, conversaban, comenzaban noviazgos... hasta que los tiempos cambiaron y todo eso terminó.
—¿Sentémonos un rato, flaquito? –Alfredo y Cristian se acomodan en uno de los bancos del paseo, mientras disfrutan de unas bolsitas de maní.
—Alfredo... ¿ Te puedo preguntar...?
—¿Qué deseas saber flaquito?
—¿Porqué te incomoda que te pregunten por tus estudios?
—Ah, eso... Bueno, en realidad no es que me incomode. Mira, flaco, a Benancio, tu padre, y a mí, no nos fue fácil el tema de los estudios. Para ayudar a atender las necesidades de la familia tuvimos que trabajar de muy jóvenes. Yo estuve resentido mucho tiempo con mi taita, por que nunca quiso que viniera a estudiar aquí.
Alfredo, con la vista perdida en algún punto de los cerros pelados que se ven a la distancia desde donde están, pausa por un momento, rememorando su relato.
—Cuando cumplí los 18, me vine al norte. Eso no le gustó a mi taita y a tu papá tampoco. Pero igual me vine, con la puras 'patas´y el 'buche'. No sé si te acuerdas, tú debes haber tenido unos siete años.
Con la idea de estudiar y trabajar al mismo tiempo, empecé re’ bien, pero me arrimé a malas juntas y todo se fue 'a la porra'. Hice de todo; trabajé en la vega cargando camiones, en una fábrica de ladrillos, lustré zapatos... en fín. En ese tiempo era difícil encontrar pega. Dormí en la Playa, en las Ruinas de Huanchaca......
—¿Las ruinas de qué...? –interrumpe intrigado Cristian.
—Las Ruinas de Huanchaca. Son ruinas de una antigua fundición de metales, cuando Antofagasta era de Bolivia. Están ubicadas al lado sur de la ciudad. Un día voy a llevarte para que las conozcas... Bueno, como te decía, la pasé último. Pero al final me las arreglé y pude salir adelante. De a poco tu abuelo fue aceptando que yo viviera mi vida. Además yo siempre les mandaba platita y los iba a ver para mis vacaciones. En cierto modo siempre culpé a mi viejo por no tener más estudios... Ahora que recuerdo todas esas cosas, me da 'no se qué' amargarme con el viejo. Ahora ya se fue y....
Su voz se quiebra y sus ojos vidriosos miran la copa de los arboles, pausando para despejar el nudo que le atraganta.
—Después de todo el viejo era buena persona y mucho de lo que aprendí de la vida se lo debo a él –agrega, con voz temblorosa–. Aunque su regalón fue siempre el Benancio, tu papá.
La mano de Alfredo en la cabeza de Cristian, provoca un profuso abrazo del muchacho, que sin palabra alguna transmite miles de cosas. Cosas que salen de adentro, que solo ellos entienden y que provoca miradas curiosas.
—Vamos, flaquito, vas a conocer a la Nélida.
—¿Vamos a almorzar?
—Exacto. Y vas a probar un chupín de pescado que te va ha hacer chupar los dedos.
—Ajjjj, pescado. Tu sabes que no me gusta.
—Puchas, seguís’ siendo el mañoso de siempre. Pero aquí vas a tener que acostumbrarte a comer de todo. Acuérdate que solo pago pensión. No es comida de Hotel. Así que si no te lo comes, tú no más pierdes y gana la “Negra”.
—¿Tu polola? –Pregunta Cristian, con pícara mirada.
—La perra, tonto, la perra –bromean revolviéndose el cabello.
—Te quiero, tío.
—Y yo a ti, sobrino malcriado...

Finalmente se dirigen a tomar el taxibús, abrazados como dos viejos amigos, cómplices de alguna secreta picardía.

FIN DEL CAPÍTULO 2

Glosario:
Avispao’ (avispado): Despierto, sagaz, alerta.
Avivarse: Adelantarse, anticiparse.
Cabro : Muchacho, Joven, tío.
Cocho: Hulpo, harina tostada con leche, espeso.
“Con las patas y el buche”: Sin ningún medio económico.
Chato: Chico, bajo
Cholguan: Láminas de madera prensada.
Chupín de pescado: Plato típico.
“Durazno”: Duro de mollera, porfiado.
Guata: Estómago, vientre.
Guatón: Gordo, grueso.
Lorea: “mira”, observa.
Lucas, luquitas : mil pesos
Ñeque: Fuerza, fortaleza física.
Pasao’ pa’la punta (Pasado para la punta): Puntudo, adelantarse con impertinencia.
Pega: Trabajo, empleo.
Pingüinos: Estudiantes, escolares.
Polola: Enamorada, chica con quien haces citas.
Taita: Padre, papá.
Tenís: tienes
“Todo se fue a la porra”: Todo se perdió.